16 de agosto de 2014

TERCERA TEMPORADA. CAPÍTULOS 47 - 49

Capítulo XLVII.
“Electric Storm”

*Tú*
Era una linda tarde, estábamos en el jardín. En cada reunión familiar veíamos a los niños jugando. Rachell y Jamie Mariam, las hijas de Joe y Chels, apenas podían caminar pero aun así jugaban con el pequeño Jerry  y Danna, la hija de Brian y Dina, a la pelota.

La familia se estaba  llenando de niños, mi hermano y Jane ya estaban a la espera de uno, y Valerie y Mickey estaban planificando un embarazo.

Pero por alguna razón yo no había logrado quedar embarazada aun, desde hace varios días Nicholas se había comportaba muy extraño, y sabía perfectamente que no era por problemas con sus niveles de azúcar, ya que hace menos de una semana se había realizado los exámenes y afortunadamente se encontraba bien.

Dina: Danna, no corras tanto. – le dijo a su hija desde la mesa.

Tú: déjala, está jugando. – dije riendo.

Chelsea: ya veremos a las gemelas corriendo por el jardín dentro de poco.

Valerie: no les falta mucho, ya caminan.

Chelsea: cuando Joe las deja caminar.

Jane: cuando nazca Gabe, Jerry tendrá con quien jugar.

Danielle: sí, mi niño necesita un primito.

Valerie: Oye _________, ¿tú y Nick aun no planean tener hijos?

Tú: eh… aun no.


No sabía que decir, volteé a ver hacia el lugar donde estaban los chicos y vi a Nicholas, se veía contento, tal vez una reunión con sus hermanos era lo que le hacía falta.

Todos se fueron cuando el reloj casi pisaba las 10pm, recogí un poco la cocina y luego subí a la habitación, Nicholas ya estaba ahí.

Tú: ¿quedaste con hambre? Quedó un poco de…

Nick: no tengo hambre, gracias. – dijo y entró al baño.

No le insistí, solo me puse mi pijama y me acosté. Cuando Nick salió del baño se dirigió a la puerta.

 Tú: ¿A dónde vas?

Nick: veré un poco de TV en la sala, buenas noches. – dijo y salió.

Me sentía frustrada, si quería saber que le pasaba a Nicholas, tenía que averiguarlo de una vez por todas, así que aparté las sábanas, salí de la habitación y fui directo a la sala.

Nick: ¿pasa algo? – dijo al verme.

Tú: no sé, dímelo tú.

Nick: ¿a qué te refieres?

Tú: ¿estás bravo conmigo o…?

Nick: por favor ___________, no empieces. – dijo cansado.

Tú: entonces ¿por qué no acabas con esto y me dices de una vez qué rayos te pasa?

Nick: no es nada.

Tú: ¿por qué esperas a que me duerma para subir?

Él no respondió, y no me quedé a esperar que lo hiciera, simplemente subí de nuevo.

Una lágrima recorrió mi mejilla, “¿acaso había hecho algo mal?” me pregunté una y otra vez, apenas llevábamos 6 meses de casados y él ya no quería siquiera acercarse a mí en las noches, “¿cómo fue que cambió todo?” me decía a mí misma.

Después de dar tantas vueltas en la cama logré dormir.

Cuando me desperté al día siguiente Nicholas estaba ahí, no quise despertarlo, pues no quería discutir, así que me fui a la fundación.

Tenía mi propio auto, no era necesario esperar a que me llevara.

Letty: Hola ________. – saludó.

Tú: Buenos días Letty.

Letty: ¿estás bien? – dijo un poco preocupada.

Tú: sí, solo pasé una mala noches, es todo. –sonreí.

Letty: bueno…

Tú: ¿qué toca hoy, Letty? - pregunté rápidamente.

Letty: Nutrición. – dijo leyendo unos papeles.

Tú: ¿de qué edades?

Letty: de 15 a 18.

Tú: bien, ¿ya hay pacientes?

Letty: sí, deben estar sentados afuera de tu consultorio.

Tú: gracias Letty, nos vemos.

Fui a mi consultorio y comencé a atender a mis pacientes, pero las horas volaron y no quería ir a casa, por lo que decidí quedarme incluso después de que ya no faltaran mas adolescentes por pasar.

Miraba por la ventana y veía el jardín de la academia, cada vez había más niños, me encantaba verlos felices, jugando y haciendo lo que aman.

Luego el sonido del teléfono me despertó del trace en el que me encontraba.

-vía telefónica-

Tú: dime Letty.

Letty: el doctor Sergio está aquí.

Tú: dile que pase.

Letty: como digas.

Tú: gracias.

-fin de la llamada-

Casi de inmediato Sergio toco a mi puerta y luego entró.

Sergio: hola ________.

Tú: hola, ¿todo bien?

Sergio: sí, vine a traerte este caso. – me entrego unos papeles. – creo que debes hablar con sus padres.

Tú: es Alan… - leí cuidadosamente esos exámenes. – cielos, están muy altos sus niveles de azúcar.

Sergio: sugiero que utilice omnipod.

Tú: por supuesto, la fundación lo costeará.

Sergio: genial, pero sus padres deben tener la charla de los cuidados, tengo entendido que tú eres quien se encarga de eso.

Tú: sí, lo anotaré de una vez en la agenda y le diré a Letty que los llame.

Sergio: _______ ¿estás bien?

Tú: sí, bueno, ahora un poco preocupada por Alan, él es un buen chico.

Sergio: sí, pero me refería a que te ves… triste.

Tú: no, es solo que pasé una mala noche. – le dije lo mismo que a Letty.

Sergio: la vieja excusa de la mala noche.

Tú: es en serio. – reí.

Sergio: ¿me aceptas un café?

Tú: no, gracias pero la verdad es que…

Sergio: vamos, aunque sea un panecillo del comedor.

Tú: está bien.

Acepté ir con Sergio, tal vez así se pasaba el tiempo aun más rápido y llegaría a casa luego de la puesta del sol, directo a la cama.

Conversamos un buen rato, hasta pude reír un poco.


Tú: lo siento, pero ya debo irme. – dije tomando mi bata y mi maletín.

Sergio: fue un gusto pasar un rato contigo.

Tú: igual, adiós.

Conduje lo más lento que pude a casa y tomé el camino más largo, puse la radio a todo volumen, ni siquiera quería escuchar mis pensamientos, canté como una loca cada una de las canciones de esa estación de radio, y así fue como una vez más la música hizo que me desahogara un poco.

Entré a casa y Nicholas estaba en la sala.

Nick: llegaste tarde.

Tú: esa era mi intención. – dije sin siquiera mirarlo.

No me detuve, pero él sostuvo mi brazo para obligarme a hacerlo.

Nick: tenemos que hablar.

Tú: ¿hablar? ¿Quieres hablar Nicholas? He pasado todos estos días queriendo hablar contigo y es hoy cuando quieres que hablemos, justo cuando no quiero hablar.

Zafé mi brazo de su mano y subí las escaleras, entré a nuestra habitación y tiré mis cosas al piso, para mi sorpresa, inmediatamente entró Nicholas.

Nick: ________...

Tú: escucha, no sé lo que te pasa, no sé que hice para que estés tan distante, me haces pensar que no quieres estar conmi…

Nick: no digas eso. – me interrumpió.

Tú: cada vez que quiero hablar contigo me evades, y el tema del bebé…

Nick: hemos hablado de eso miles de veces, te dije que no es el momento.

Tú: ¿Cuál es el momento? Te cuidas más que adolescente para evitar un embarazo.

Nick: ________, escucha…

Tú: si no querías esto, no me hubieses ilusionado con esos temas cuando éramos novios, de esa manera hubiese sabido que esperar de ti.

Nick: tú no entiendes.

Tú: ¡¿Cómo quieres que entienda si nunca me explicas?!

Nick: baja la voz.

Tú: iré a dormir al cuarto de huéspedes, estoy cansada.

Nick: ¿cansada? ¿De qué? ¿De reírte con Sergio?

Tú: ¿qué?

Nick: no te hagas… los vi, muy risueñitos riendo en el comedor.

Me acerqué a él tratando de contener la calma.

Tú: escucha Nicholas, por lo menos reía, y no estaba a punto de soltar una lágrima como ahora, adiós.

Salí de la habitación y fui directo a la habitación vecina, no esperaba que Nicholas me siguiera, su orgullo era casi tan grande como el mío, además, no quería escuchar otra palabra de él.

Era típico en Nicholas querer invertir el problema cuando él no tenía la razón, estaba casi segura que era por eso por lo que Sergio había salido en nuestra discusión.

Quise leer un poco el libro que me había obsequiado mi mamá hace unos meses, “Electric Storm” apenas leí una línea (“El amor es una tormenta eléctrica de placer y dolor donde los truenos y los relámpagos están chocando y golpeando con nosotros.”) y cerré el libro nuevamente, mi concentración estaba por el suelo acompañando a mis ánimos. Miré el techo alrededor de 2 horas antes de caer en un sueño no tan profundo.


Me desperté al día siguiente gracias a la alarma de mi celular, y en la mesita de noche vi una rosa y una nota que decía “te amo”  con la letra de Nicholas.

Bajé a la cocina por unas tostadas antes de ir a trabajar.

Nick: buenos días. – dijo sonriendo.

Tú: buenos días. – respondí algo confusa.

Nick: ¿quieres café?

Tú: solo vine por una tostada, ya me voy a la fundación.

Nick: ________. – se acercó a mí.

Se acercó aun mas, no quería caer de nuevo en su ternura, no después de lo de la noche anterior.

Tú: Nicholas, ¿creíste que con una rosa me iba a contentar?

Nick: ¿puedes olvidarlo?

Tú: ni siquiera sé lo que tengo que olvidar, porque según tú no pasa a nada.


Nick: perdóname de una vez ¿sí? no fue tu culpa, estaba un poco estresado, hemos estado escribiendo, grabando,  Jonas Enterprises me ha estado consumiendo estos días, solo discúlpame.

Tú: ¿seguro solo era eso?

Nick: sí linda, no volverá a pasar.

Tú: bueno, en ese caso… gracias por la rosa.

Nick: ¿y la nota?

Tú: también te amo.

Nick: ven acá… - dijo y me abrazó.

Tú: te aceptaré el café.

Nick: ¿luego quieres que te lleve?

Tú: sí.



Capítulo XLVIII.
“Before the storm”


*Nick*

Sus deseos de tener un bebé eran cada vez más grandes, y lo único que podía decirle era “no es el momento” pero ella tenía razón, nunca sabremos cual será el momento, simplemente pasará, pero no pasaría si seguía cuidándome de la manera en que lo hacía,  _________ siempre me pedía una explicación y tenía todo el derecho de hacerlo, pero siempre la evadía y sabía que esa situación no iba a durar por más tiempo.


Tú: ¿no te imaginas a un niño nuestro corriendo por el jardín? – dijo cuando estábamos en la cama.

Nick: si pero…

Tú: ¿Por qué me decías que querías tener un ejército de hijos?

Nick: porque eso quiero.

Tú: que tierno. – dijo con sarcasmo y me dio la espalda.

La verdad no estábamos peleando, y era un alivio, pero ya no podía seguir con eso, debía decirle lo que pensaba, ella debía saber lo que me estaba comiendo por dentro, no podía seguir torturándola, nada tenía que ver con “el momento adecuado”, todo eso eran puras excusas y yo sabía que con eso no la engañaba.


Nick: linda, siéntate.

Tú: es tarde Nicholas. – dijo sin moverse.

Nick: lo sé, pero quiero decirte algo.

Tú: está bien, dime. – dijo al sentarse.

Nick: me encantaría tener 2 ejércitos de niños.

Tú: ya no te creo Nicholas. – dijo un poco deprimida.

Nick: y supongo que es mi culpa el hecho de que no me creas. – tomé su mano.

Tú: supones bien.

Nick: ¿crees que no quiero una niña que sea idéntica a ti?

Tú: no sé.

Nick: o un niño que diga “papá, juguemos pelota”.

Tú: dímelo tú.

Nick: claro que quiero _________, sería un idiota si no.

Tú: pero hay algo más ¿no?

Nick: sí, algo que me perturba.

Tú: ¿me dirás qué es?

Nick: no quiero que nuestros hijos sean como yo.

Tú: no entiendo.

Nick: vamos _________, eres doctora, sabes a lo que me refiero.

Tú: Soy doctora, pero no adivina o bruja.

Nick: no quiero que hereden  mi enfermedad.

Tú: dime que no es cierto lo que estás diciendo. – dijo tapándose la cara con sus manos.

Nick: no quiero que pasen por lo que yo pasé.

Tú: nuestros hijos serán como Dios quiera que sean.

Nick: tú no entiendes lo que es vivir con una enfermedad a la que solo puedes controlar, es una enfermedad en la que un mínimo descuido te puede llevar a semanas en cama.

Tú: hablas como si  no supiera nada acerca de la diabetes.

Nick: no sabes lo que es estar enfermo.

Tú: sí, si lo sé, he pasado toda mi vida dependiendo de un inhalador.

Nick: lo tuyo es solo asma.

Tú: ¿solo asma? – dijo desconcertada.

Nick: no quise decirlo así, es solo que…

Tú: ¿te has preguntado alguna vez lo que se siente no poder respirar?

Nick: no…

Tú: no, eso pensé. 

Nick: no lo dije para que te enojaras.

Tú: ¿sabes cuál sería la diferencia entre tus hijos y tú?

Nick: no…

Tú: que te tendrán a ti.

 Nick: a ti también…

Tú: ¿eso crees? – antes de que pudiera contestar se acostó y me dio su espalda de nuevo.

Nick: _______, entiende…

Tú: ¿qué debo entender?

Nick: es solo un estúpido temor, lo sé.

Tú: llevas años diciéndole a decenas de niños que no deben vivir reprimidos por la diabetes, vives recordándoles que ellos tienen la enfermedad y que la enfermedad  no los tiene a ellos, ¿ahora me dirás que solo lo decías por decirlo?

Nick: no.

Tú: buenas noches.

Nick: sabes que te amo.

Tú: genial, yo igual.

Nick: no lo digas así.

Tú: ya me dormí.

Nick: no – como pude la volteé y de pronto me encontraba sobre ella. – dejemos que todo pase cuando tenga que pasar, no planifiquemos nada, dejemos que el tiempo decida.

Tú: ¿quieres decir que…?

Nick: quiero decir que me preocuparé por mi presente y dejaré que el tiempo escriba una linda historia.

Tú: odio discutir contigo.

Nick: no más de lo que yo odio. – sonreí.

Tú: entonces…

Nick: entonces dame un beso, abrázame y durmamos.


Hizo lo que le pedí y añadió una linda sonrisa, no tenia caso seguir ocultando mis pensamientos, hablar era lo mejor que podía hacer y eso hice.

Sentí que solo cerré los ojos por un momento y ya era sábado en la mañana.

Me levanté cuidadosamente, quería sorprenderla con un rico desayuno, pero antes de salir de la habitación, ella despertó.

Tú: ¿Nicholas?

Nick: Buenos días linda.

Tú: buenos días. – sonrió.

Me acerqué y me senté en la cama, justo a su lado.

Nick: iba a preparar desayuno.

Tú: te acompaño. – apartó las sábanas.

Nick: de ninguna manera, espérame aquí.

Tú: ¿seguro?

Nick: sí, espérame, te traeré algo.

*Tú*

Nicholas no volvió hasta al cabo de unos 20 minutos, y aproveché de hacer la cama en su ausencia.

Nick: listo. – entró con una bandeja.

Tú: ¿qué hiciste? Huele delicioso.

Nick: huevos revueltos, se suponía que iban a ser estrellados, un ligero error.

Tú: está bien. – reí.

Nick: ¿qué quieres hacer hoy?

Tú: tal vez quedarnos todo el día en la cama. – dije encogiéndome de hombros.

Nick: yo pensé en quedarnos todo el día en la cama y pasear en el parque en la tarde.

Tú: tu idea es mejor.

Nick: ojalá Elvis estuviera con nosotros.

Tú: también lo extraño, pero ya estaba muy cansado.

Nick: lo tuve desde los 16.

Tú: lo sé. – dije un poco deprimida.

Nick. Pero ya no hablemos de él.

Tú: eh… ¿entonces vamos al parque?

Nick: sí, podríamos patinar.

Tú: sí. – dije ansiosa. – hace tiempo que no lo hacemos.

Nick: eres tan hermosa… - dijo de repente acariciando mi mejilla.

Tú: Nicholas, haces que…

Nick: me encanta ver tus mejillas coloradas. –me interrumpió.

Tú: me asustas, no sé como lees mi mente. – reí.

Nick: yo tampoco, pero es genial.

Tú: iré a llevar los platos y…

Nick: no, yo los llevo.

Tú: vamos te ayudaré a…

Nick: no, yo los lavo.- dijo rápidamente.

Tú: cielos, debo tener un micrófono en la mente. – dije divertida.


*Nick*

Bajé y lave los platos lo más rápido que pude y volví a la habitación.

Nick: regresé. – dije al tirarme a la cama.

Tú: gracias por el desayuno.

Nick: no necesitas agradecer.

Tú: claro que sí.

Nick: solo dame un beso.

Tú: ¿uno?

Nick: los que quieras.

Me acerqué y la besé de la manera más tierna que encontré, acaricié sus mejillas mientras sus manos entrelazaban mi cuello, ¿cómo podía transportarme a otro mundo tan fácilmente? Tan solo con un beso de ella viajaba al infinito, tan solo con una caricia me elevaba aun más alto y el aterrizaje se iba haciendo más duro cada vez que se alejaba.

Nick: podría morir y nacer de nuevo en tus labios.

Tú: podría hacer eso miles de veces en los tuyos.

Nick: ¿por qué siempre quieres ganarme?

Tú: porque… - tomó una almohada y me golpeó. – siempre gano las World War III.

Nick: no lo creo. –dije repitiendo su acción.

Era típico que ella comenzara las guerras de almohadas.

Nick: ven acá… - ella corría por toda la habitación.

Tú: ¿qué pasa Nicholas? ¿Eres más lento ahora? – se burló.

Nick: no… de hecho soy más veloz. – dije al atraparla.

Tú: Ni se te ocurra hacerme cosquillas.

Nick: no me lo digas así. –dije sin poder resistirme a su mirada.

Tú: ¿cómo? – peguntó con el mismo tono seductor.

Nick: listo, perdí. – la solté y me tiré a la cama de nuevo.

Tú: ¡Bien! – tomó vuelo y se tiró justo encima de mí. – lo siento… ¿te lastimé?

Nick: estoy bien. –sonreí.

Aunque antes éramos jóvenes y los tiempos eran fáciles, dependía de nosotros que todo siguiera igual, nada me hacía más feliz que saber que ahora podría abrazarla antes y después de cada tormenta, porque como siempre decimos: “Un corazón no está completo sin aquel que te abrece durante la tormenta”.







Capítulo XLIX.
“Stronger”


*La familia tenía un nuevo integrante, el pequeño Gabe ya había nacido, y tu hermano no podía estar más feliz.

De nuevo eras tía y lo que más querías era consentir al nuevo bebé, por lo que te escapaste con Danielle una tarde para ir de compras.

*Tú*

Tú: me estoy enamorando de cada prenda de bebé.

Danielle: creo que le compraré mas de una cosas a Jerry.

Tú: iré a tu casa un rato, si no hay problema, quiero pellizcar esos cachetes.

Danielle: genial, seguro Jerry extraña a su tía.

Tú: Mira, para las gemelas. – señalé unos vestidos.

Danielle: _______, mejor salimos de aquí antes de que enloquezcas.

Tú: si, ya lo creo. Paguemos esto.

Salimos de la tienda y fuimos al bufete de mi hermano.

Tu hermano: _________, no tenías que molestarte.

Tú: no es molestia, Alex.

Tu hermano: se lo mostraré a Jane en cuando llegue al apartamento.

Danielle: mándale muchos saludos.

Tu hermano: con gusto Dani.

*Nick*

Cuando llegue a casa casi al atardecer ________ no estaba, pero no la esperé mucho.

Tú: hola Nicholas. – dijo al entrar.

Nick: Hola linda, ¿qué tal tu día?

Tú: un día tranquilo, pasé por la oficina de Alex a llevarle un presente para Gabe y luego pasé a visitar a Jerry. – desabrochó un poco mi corbata.

Nick: ¿Por qué no me avisaste? Quiero verlo. – dije cangándola y elevando un poco sus pies del suelo.

Tú: porque no lo planeé, solo estuve unos minutos.

Nick: ¿quieres ir mañana a New York?

Tú: si, claro. Pero ¿por qué?

Nick: ¿recuerdas que le prometimos a Maya ir a ver su obra?

Tú: Oh Dios, lo había olvidado, y ni siquiera la he llamado, debe odiarme.

Nick: Si te parece bien iremos mañana, y así tendremos una excusa para pasear y disfrutar un ambiente diferente.

Tú: sí, me encantaría.

Nick: ¿mañana en la tarde está bien?

Tú. Perfecto, como quieras. – sonrió.

Nick: entonces, debemos hacer las maletas.

Subimos a nuestra habitación y ella sacó un bolso pequeño y fue en ese momento cuando se me ocurrió una idea.

Nick: eh… linda.

Tú: ¿sí?

Nick: ¿Cuántos días quieres estar allá?

Tú: no sé… ¿por qué preguntas?

Nick: ¿te gustaría toda una semana?

Tú: por supuesto… - se alegró. – pero debo informar a la fundación que no estaré.

Luego de hacer las maletas bajamos a cenar, charlamos, pasamos una noche tranquila, ambos estábamos ansiosos por ir a New York.

*Tú*

Al día siguiente en la tarde abordamos un avión rumbo a mi ciudad favorita, después de Los Ángeles, claro.

A pesar de ser una ciudad tranquila, debido al lanzamiento del nuevo álbum de los Jonas Brothers muchas personas se le acercaban a Nicholas pidiéndole un autógrafo o una foto.

Nick: gracias a ti. – le dijo a una fan y esta se alejó. – vamos al apartamento. – me dijo sonriendo.

Fuimos al apartamento que había comprado unos años atrás cuando protagonizó Les Miserables por quinta vez en Broadway.

Había olvidado lo hermoso que era y la grandiosa vista que tenía.

Tú: hace mucho que no venía. – dije abriendo la ventana.

Nick: yo no tanto como tú, pero me encanta este lugar.

Tú: sí, es mas fresco que L.A.

Nick: oye, ¿qué te parece si llamas a Maya?

Tú: buena idea.

Tomé mi teléfono y la llamé, al segundo intento contestó.

-vía telefónica-

Maya: __________.

Tú: Hola May… ¿qué tal todo?

Maya: genial, aunque aun los estoy esperando.

Tú: la espera terminó.

Maya: ¿Qué quieres decir?

Tú: nos vemos esta noche.

Maya: ¿en serio?  Qué buena noticia.

Tú: hay algo más…

Maya: ¿qué? Dime ya.

Tú: La madre de Nick te mandó un tazón de guacamole.

Maya: oh mi Dios, es el mejor guacamole del mundo, gracias.

Tú: por nada, entonces te dejo y te vemos en la función.

Maya: adiós ________.

-fin de la llamada-


Nick: ¿se emocionó?

Tú: sabes como es ella con el guacamole. -  dije riendo.

Nick: ¿Qué tal si paseamos un rato?

Tú: sí, genial.

*En la noche la función de Maya fue asombrosa, Nick y tú estaban muy emocionados por ella, luego de que todo había terminado fueron con ella al bowling y luego a cenar.

Cada día Nick tenía un plan para divertirse juntos, pero el tiempo de estadía se había agotado y volvieron a L.A ese domingo.

Otra semana pasó velozmente y después de un agotador día de trabajo, ambos estaban en su hogar, disfrutando de una fresca noche californiana.


*Nick*

Nick: toquemos un poco en el piano.

Tú: ya va, ya va… - dijo y corrió hasta el piano. – yo primero.

Nick: está bien. – reí.

Tú: solo un pedazo, es que me dieron ganas de tocarla.

Nick: ¿de quién es la canción?

Tú: tuya, de hecho. – rió.

Comenzó a tocar y supe inmediatamente qué canción era, ella no cantó, solo la tocaba.

Tú: ¿la escribiste para mí? – preguntó riendo.

Nick: puede ser. – reí.

Tú: siempre supe que era para mí.

Nick: ¿cómo? – me sorprendí.

Tú: in the rose garden. (en el jardín de rosas)

Nick: ¿por eso?


Tú: no, por esto; “at the flower shop in town, working hard just to survive”. (En la floristería de la ciudad, trabajando duro para sobrevivir).

Nick: supe lo que paso con tu familia, mis hermanos me habían dicho que casi pierden la tienda.

Tú: ¿qué hay de esta?

La melodía cambió totalmente, y una vez más, reconocí la canción. Esta vez sí cantó.

I wanna know I’m not the only one around – quiero saber que no soy la única aquí
Can you show me something deeper than I found? - ¿puedes mostrarme algo más profundo de lo que he encontrado?

I wanna know you’ll be with me – quiero saber que estarás conmigo
when everything around is falling down – cuando todo a mi alrededor caiga
when I finally get this feet back on the ground – cuando por fin tenga estos pies en el suelo.
You’re making me stronger – me estás haciendo más fuerte
You’re making me stronger – me estás haciendo más fuerte
You’re making me stronger – me estás haciendo más fuerte
Than I’ve ever been now. – de lo que jamás he sido.

Nick: también era para ti.

Tú: lo imaginé. – rió.

Nick: ninguna canción estaría completa si tú no la inspiras.

Tú: eso... – me besó. – es lo mas lindo… - me besó de nuevo. – que pueda escuchar.

Nick: tengo muchas cosas linda que decirte.

Tú: ¿Qué tal si las dices?

Nick: ¿Qué tal si vamos a la cama? Te diré todo allá.

Tú: me… me parece bien, ¿pero no quieres tocar primero?

Nick: eh… - toqué una tecla. – listo.

Tú: está bien. – rió – vamos.

 Subimos  a la habitación casi corriendo, a ella siempre le gustaba que la persiguiera, continuó corriendo alrededor de la cama y cuando por fin la atrapé caímos al suelo.

Nick: ¿te lastimaste?

Tú: no… ¿Qué hay de esas cosas lindas que ibas a decirme? – contestó riendo.

Nick: te amo, eres la mujer más bella del mundo y – la besé. – te amo.

Tú: eso si que fue lindo.- dijo sin dejar de reí.

Nick: ¿tú no dirás nada?

Tú: ¡también te amo! – casi gritó.

Nick: y… - me puse sobre ella - ¿qué quieres hacer?

Tú: exactamente lo que estás pensando.

La besé, y no era como las veces anteriores que iba perdiendo el control poco a poco, en realidad ya lo había perdido desde que estábamos en la sala.

No tardé mucho en quitarme la chaqueta, y mientras ella desabotonaba mi camisa me pregunté ¿Por qué nos vestimos con tantas prendas? Al final solo era una pérdida de tiempo, nos impedía ir al grano rápidamente.

Hice lo posible para que nuestros labios no se separaran mientras la levantaba para acostarla en la cama. Se me dificulto un poco quitar mi cinturón, pero después de luchar un poco y controlar mis temblorosos dedos, lo logré.

Nuestras pieles ardían, o al menos sentía que la de ella me quemaba, mis manos comenzaron a deslizarse por todo su cuerpo mientras que sus manos inocentes solo jugaban con mi cabello o simplemente rodeaban mi cuello.

Por fin pude desabrochar ese brasier que lo único que hacía en ese momento era estorbar.

Su olor me volvía loco y su piel me seguía quemando, me preguntaba si la hacía arder tanto como ella a mí, quería que todo fuera perfecto, y la única manera de hacer el momento perfecto era siendo tan sutil como la música a tempo medio, como una simple y hermosa melodía que no necesitara rimas, solo muchos compases que duraran toda la noche.