16 de agosto de 2014

TERCERA TEMPORADA. CAPÍTULOS 47 - 49

Capítulo XLVII.
“Electric Storm”

*Tú*
Era una linda tarde, estábamos en el jardín. En cada reunión familiar veíamos a los niños jugando. Rachell y Jamie Mariam, las hijas de Joe y Chels, apenas podían caminar pero aun así jugaban con el pequeño Jerry  y Danna, la hija de Brian y Dina, a la pelota.

La familia se estaba  llenando de niños, mi hermano y Jane ya estaban a la espera de uno, y Valerie y Mickey estaban planificando un embarazo.

Pero por alguna razón yo no había logrado quedar embarazada aun, desde hace varios días Nicholas se había comportaba muy extraño, y sabía perfectamente que no era por problemas con sus niveles de azúcar, ya que hace menos de una semana se había realizado los exámenes y afortunadamente se encontraba bien.

Dina: Danna, no corras tanto. – le dijo a su hija desde la mesa.

Tú: déjala, está jugando. – dije riendo.

Chelsea: ya veremos a las gemelas corriendo por el jardín dentro de poco.

Valerie: no les falta mucho, ya caminan.

Chelsea: cuando Joe las deja caminar.

Jane: cuando nazca Gabe, Jerry tendrá con quien jugar.

Danielle: sí, mi niño necesita un primito.

Valerie: Oye _________, ¿tú y Nick aun no planean tener hijos?

Tú: eh… aun no.


No sabía que decir, volteé a ver hacia el lugar donde estaban los chicos y vi a Nicholas, se veía contento, tal vez una reunión con sus hermanos era lo que le hacía falta.

Todos se fueron cuando el reloj casi pisaba las 10pm, recogí un poco la cocina y luego subí a la habitación, Nicholas ya estaba ahí.

Tú: ¿quedaste con hambre? Quedó un poco de…

Nick: no tengo hambre, gracias. – dijo y entró al baño.

No le insistí, solo me puse mi pijama y me acosté. Cuando Nick salió del baño se dirigió a la puerta.

 Tú: ¿A dónde vas?

Nick: veré un poco de TV en la sala, buenas noches. – dijo y salió.

Me sentía frustrada, si quería saber que le pasaba a Nicholas, tenía que averiguarlo de una vez por todas, así que aparté las sábanas, salí de la habitación y fui directo a la sala.

Nick: ¿pasa algo? – dijo al verme.

Tú: no sé, dímelo tú.

Nick: ¿a qué te refieres?

Tú: ¿estás bravo conmigo o…?

Nick: por favor ___________, no empieces. – dijo cansado.

Tú: entonces ¿por qué no acabas con esto y me dices de una vez qué rayos te pasa?

Nick: no es nada.

Tú: ¿por qué esperas a que me duerma para subir?

Él no respondió, y no me quedé a esperar que lo hiciera, simplemente subí de nuevo.

Una lágrima recorrió mi mejilla, “¿acaso había hecho algo mal?” me pregunté una y otra vez, apenas llevábamos 6 meses de casados y él ya no quería siquiera acercarse a mí en las noches, “¿cómo fue que cambió todo?” me decía a mí misma.

Después de dar tantas vueltas en la cama logré dormir.

Cuando me desperté al día siguiente Nicholas estaba ahí, no quise despertarlo, pues no quería discutir, así que me fui a la fundación.

Tenía mi propio auto, no era necesario esperar a que me llevara.

Letty: Hola ________. – saludó.

Tú: Buenos días Letty.

Letty: ¿estás bien? – dijo un poco preocupada.

Tú: sí, solo pasé una mala noches, es todo. –sonreí.

Letty: bueno…

Tú: ¿qué toca hoy, Letty? - pregunté rápidamente.

Letty: Nutrición. – dijo leyendo unos papeles.

Tú: ¿de qué edades?

Letty: de 15 a 18.

Tú: bien, ¿ya hay pacientes?

Letty: sí, deben estar sentados afuera de tu consultorio.

Tú: gracias Letty, nos vemos.

Fui a mi consultorio y comencé a atender a mis pacientes, pero las horas volaron y no quería ir a casa, por lo que decidí quedarme incluso después de que ya no faltaran mas adolescentes por pasar.

Miraba por la ventana y veía el jardín de la academia, cada vez había más niños, me encantaba verlos felices, jugando y haciendo lo que aman.

Luego el sonido del teléfono me despertó del trace en el que me encontraba.

-vía telefónica-

Tú: dime Letty.

Letty: el doctor Sergio está aquí.

Tú: dile que pase.

Letty: como digas.

Tú: gracias.

-fin de la llamada-

Casi de inmediato Sergio toco a mi puerta y luego entró.

Sergio: hola ________.

Tú: hola, ¿todo bien?

Sergio: sí, vine a traerte este caso. – me entrego unos papeles. – creo que debes hablar con sus padres.

Tú: es Alan… - leí cuidadosamente esos exámenes. – cielos, están muy altos sus niveles de azúcar.

Sergio: sugiero que utilice omnipod.

Tú: por supuesto, la fundación lo costeará.

Sergio: genial, pero sus padres deben tener la charla de los cuidados, tengo entendido que tú eres quien se encarga de eso.

Tú: sí, lo anotaré de una vez en la agenda y le diré a Letty que los llame.

Sergio: _______ ¿estás bien?

Tú: sí, bueno, ahora un poco preocupada por Alan, él es un buen chico.

Sergio: sí, pero me refería a que te ves… triste.

Tú: no, es solo que pasé una mala noche. – le dije lo mismo que a Letty.

Sergio: la vieja excusa de la mala noche.

Tú: es en serio. – reí.

Sergio: ¿me aceptas un café?

Tú: no, gracias pero la verdad es que…

Sergio: vamos, aunque sea un panecillo del comedor.

Tú: está bien.

Acepté ir con Sergio, tal vez así se pasaba el tiempo aun más rápido y llegaría a casa luego de la puesta del sol, directo a la cama.

Conversamos un buen rato, hasta pude reír un poco.


Tú: lo siento, pero ya debo irme. – dije tomando mi bata y mi maletín.

Sergio: fue un gusto pasar un rato contigo.

Tú: igual, adiós.

Conduje lo más lento que pude a casa y tomé el camino más largo, puse la radio a todo volumen, ni siquiera quería escuchar mis pensamientos, canté como una loca cada una de las canciones de esa estación de radio, y así fue como una vez más la música hizo que me desahogara un poco.

Entré a casa y Nicholas estaba en la sala.

Nick: llegaste tarde.

Tú: esa era mi intención. – dije sin siquiera mirarlo.

No me detuve, pero él sostuvo mi brazo para obligarme a hacerlo.

Nick: tenemos que hablar.

Tú: ¿hablar? ¿Quieres hablar Nicholas? He pasado todos estos días queriendo hablar contigo y es hoy cuando quieres que hablemos, justo cuando no quiero hablar.

Zafé mi brazo de su mano y subí las escaleras, entré a nuestra habitación y tiré mis cosas al piso, para mi sorpresa, inmediatamente entró Nicholas.

Nick: ________...

Tú: escucha, no sé lo que te pasa, no sé que hice para que estés tan distante, me haces pensar que no quieres estar conmi…

Nick: no digas eso. – me interrumpió.

Tú: cada vez que quiero hablar contigo me evades, y el tema del bebé…

Nick: hemos hablado de eso miles de veces, te dije que no es el momento.

Tú: ¿Cuál es el momento? Te cuidas más que adolescente para evitar un embarazo.

Nick: ________, escucha…

Tú: si no querías esto, no me hubieses ilusionado con esos temas cuando éramos novios, de esa manera hubiese sabido que esperar de ti.

Nick: tú no entiendes.

Tú: ¡¿Cómo quieres que entienda si nunca me explicas?!

Nick: baja la voz.

Tú: iré a dormir al cuarto de huéspedes, estoy cansada.

Nick: ¿cansada? ¿De qué? ¿De reírte con Sergio?

Tú: ¿qué?

Nick: no te hagas… los vi, muy risueñitos riendo en el comedor.

Me acerqué a él tratando de contener la calma.

Tú: escucha Nicholas, por lo menos reía, y no estaba a punto de soltar una lágrima como ahora, adiós.

Salí de la habitación y fui directo a la habitación vecina, no esperaba que Nicholas me siguiera, su orgullo era casi tan grande como el mío, además, no quería escuchar otra palabra de él.

Era típico en Nicholas querer invertir el problema cuando él no tenía la razón, estaba casi segura que era por eso por lo que Sergio había salido en nuestra discusión.

Quise leer un poco el libro que me había obsequiado mi mamá hace unos meses, “Electric Storm” apenas leí una línea (“El amor es una tormenta eléctrica de placer y dolor donde los truenos y los relámpagos están chocando y golpeando con nosotros.”) y cerré el libro nuevamente, mi concentración estaba por el suelo acompañando a mis ánimos. Miré el techo alrededor de 2 horas antes de caer en un sueño no tan profundo.


Me desperté al día siguiente gracias a la alarma de mi celular, y en la mesita de noche vi una rosa y una nota que decía “te amo”  con la letra de Nicholas.

Bajé a la cocina por unas tostadas antes de ir a trabajar.

Nick: buenos días. – dijo sonriendo.

Tú: buenos días. – respondí algo confusa.

Nick: ¿quieres café?

Tú: solo vine por una tostada, ya me voy a la fundación.

Nick: ________. – se acercó a mí.

Se acercó aun mas, no quería caer de nuevo en su ternura, no después de lo de la noche anterior.

Tú: Nicholas, ¿creíste que con una rosa me iba a contentar?

Nick: ¿puedes olvidarlo?

Tú: ni siquiera sé lo que tengo que olvidar, porque según tú no pasa a nada.


Nick: perdóname de una vez ¿sí? no fue tu culpa, estaba un poco estresado, hemos estado escribiendo, grabando,  Jonas Enterprises me ha estado consumiendo estos días, solo discúlpame.

Tú: ¿seguro solo era eso?

Nick: sí linda, no volverá a pasar.

Tú: bueno, en ese caso… gracias por la rosa.

Nick: ¿y la nota?

Tú: también te amo.

Nick: ven acá… - dijo y me abrazó.

Tú: te aceptaré el café.

Nick: ¿luego quieres que te lleve?

Tú: sí.



Capítulo XLVIII.
“Before the storm”


*Nick*

Sus deseos de tener un bebé eran cada vez más grandes, y lo único que podía decirle era “no es el momento” pero ella tenía razón, nunca sabremos cual será el momento, simplemente pasará, pero no pasaría si seguía cuidándome de la manera en que lo hacía,  _________ siempre me pedía una explicación y tenía todo el derecho de hacerlo, pero siempre la evadía y sabía que esa situación no iba a durar por más tiempo.


Tú: ¿no te imaginas a un niño nuestro corriendo por el jardín? – dijo cuando estábamos en la cama.

Nick: si pero…

Tú: ¿Por qué me decías que querías tener un ejército de hijos?

Nick: porque eso quiero.

Tú: que tierno. – dijo con sarcasmo y me dio la espalda.

La verdad no estábamos peleando, y era un alivio, pero ya no podía seguir con eso, debía decirle lo que pensaba, ella debía saber lo que me estaba comiendo por dentro, no podía seguir torturándola, nada tenía que ver con “el momento adecuado”, todo eso eran puras excusas y yo sabía que con eso no la engañaba.


Nick: linda, siéntate.

Tú: es tarde Nicholas. – dijo sin moverse.

Nick: lo sé, pero quiero decirte algo.

Tú: está bien, dime. – dijo al sentarse.

Nick: me encantaría tener 2 ejércitos de niños.

Tú: ya no te creo Nicholas. – dijo un poco deprimida.

Nick: y supongo que es mi culpa el hecho de que no me creas. – tomé su mano.

Tú: supones bien.

Nick: ¿crees que no quiero una niña que sea idéntica a ti?

Tú: no sé.

Nick: o un niño que diga “papá, juguemos pelota”.

Tú: dímelo tú.

Nick: claro que quiero _________, sería un idiota si no.

Tú: pero hay algo más ¿no?

Nick: sí, algo que me perturba.

Tú: ¿me dirás qué es?

Nick: no quiero que nuestros hijos sean como yo.

Tú: no entiendo.

Nick: vamos _________, eres doctora, sabes a lo que me refiero.

Tú: Soy doctora, pero no adivina o bruja.

Nick: no quiero que hereden  mi enfermedad.

Tú: dime que no es cierto lo que estás diciendo. – dijo tapándose la cara con sus manos.

Nick: no quiero que pasen por lo que yo pasé.

Tú: nuestros hijos serán como Dios quiera que sean.

Nick: tú no entiendes lo que es vivir con una enfermedad a la que solo puedes controlar, es una enfermedad en la que un mínimo descuido te puede llevar a semanas en cama.

Tú: hablas como si  no supiera nada acerca de la diabetes.

Nick: no sabes lo que es estar enfermo.

Tú: sí, si lo sé, he pasado toda mi vida dependiendo de un inhalador.

Nick: lo tuyo es solo asma.

Tú: ¿solo asma? – dijo desconcertada.

Nick: no quise decirlo así, es solo que…

Tú: ¿te has preguntado alguna vez lo que se siente no poder respirar?

Nick: no…

Tú: no, eso pensé. 

Nick: no lo dije para que te enojaras.

Tú: ¿sabes cuál sería la diferencia entre tus hijos y tú?

Nick: no…

Tú: que te tendrán a ti.

 Nick: a ti también…

Tú: ¿eso crees? – antes de que pudiera contestar se acostó y me dio su espalda de nuevo.

Nick: _______, entiende…

Tú: ¿qué debo entender?

Nick: es solo un estúpido temor, lo sé.

Tú: llevas años diciéndole a decenas de niños que no deben vivir reprimidos por la diabetes, vives recordándoles que ellos tienen la enfermedad y que la enfermedad  no los tiene a ellos, ¿ahora me dirás que solo lo decías por decirlo?

Nick: no.

Tú: buenas noches.

Nick: sabes que te amo.

Tú: genial, yo igual.

Nick: no lo digas así.

Tú: ya me dormí.

Nick: no – como pude la volteé y de pronto me encontraba sobre ella. – dejemos que todo pase cuando tenga que pasar, no planifiquemos nada, dejemos que el tiempo decida.

Tú: ¿quieres decir que…?

Nick: quiero decir que me preocuparé por mi presente y dejaré que el tiempo escriba una linda historia.

Tú: odio discutir contigo.

Nick: no más de lo que yo odio. – sonreí.

Tú: entonces…

Nick: entonces dame un beso, abrázame y durmamos.


Hizo lo que le pedí y añadió una linda sonrisa, no tenia caso seguir ocultando mis pensamientos, hablar era lo mejor que podía hacer y eso hice.

Sentí que solo cerré los ojos por un momento y ya era sábado en la mañana.

Me levanté cuidadosamente, quería sorprenderla con un rico desayuno, pero antes de salir de la habitación, ella despertó.

Tú: ¿Nicholas?

Nick: Buenos días linda.

Tú: buenos días. – sonrió.

Me acerqué y me senté en la cama, justo a su lado.

Nick: iba a preparar desayuno.

Tú: te acompaño. – apartó las sábanas.

Nick: de ninguna manera, espérame aquí.

Tú: ¿seguro?

Nick: sí, espérame, te traeré algo.

*Tú*

Nicholas no volvió hasta al cabo de unos 20 minutos, y aproveché de hacer la cama en su ausencia.

Nick: listo. – entró con una bandeja.

Tú: ¿qué hiciste? Huele delicioso.

Nick: huevos revueltos, se suponía que iban a ser estrellados, un ligero error.

Tú: está bien. – reí.

Nick: ¿qué quieres hacer hoy?

Tú: tal vez quedarnos todo el día en la cama. – dije encogiéndome de hombros.

Nick: yo pensé en quedarnos todo el día en la cama y pasear en el parque en la tarde.

Tú: tu idea es mejor.

Nick: ojalá Elvis estuviera con nosotros.

Tú: también lo extraño, pero ya estaba muy cansado.

Nick: lo tuve desde los 16.

Tú: lo sé. – dije un poco deprimida.

Nick. Pero ya no hablemos de él.

Tú: eh… ¿entonces vamos al parque?

Nick: sí, podríamos patinar.

Tú: sí. – dije ansiosa. – hace tiempo que no lo hacemos.

Nick: eres tan hermosa… - dijo de repente acariciando mi mejilla.

Tú: Nicholas, haces que…

Nick: me encanta ver tus mejillas coloradas. –me interrumpió.

Tú: me asustas, no sé como lees mi mente. – reí.

Nick: yo tampoco, pero es genial.

Tú: iré a llevar los platos y…

Nick: no, yo los llevo.

Tú: vamos te ayudaré a…

Nick: no, yo los lavo.- dijo rápidamente.

Tú: cielos, debo tener un micrófono en la mente. – dije divertida.


*Nick*

Bajé y lave los platos lo más rápido que pude y volví a la habitación.

Nick: regresé. – dije al tirarme a la cama.

Tú: gracias por el desayuno.

Nick: no necesitas agradecer.

Tú: claro que sí.

Nick: solo dame un beso.

Tú: ¿uno?

Nick: los que quieras.

Me acerqué y la besé de la manera más tierna que encontré, acaricié sus mejillas mientras sus manos entrelazaban mi cuello, ¿cómo podía transportarme a otro mundo tan fácilmente? Tan solo con un beso de ella viajaba al infinito, tan solo con una caricia me elevaba aun más alto y el aterrizaje se iba haciendo más duro cada vez que se alejaba.

Nick: podría morir y nacer de nuevo en tus labios.

Tú: podría hacer eso miles de veces en los tuyos.

Nick: ¿por qué siempre quieres ganarme?

Tú: porque… - tomó una almohada y me golpeó. – siempre gano las World War III.

Nick: no lo creo. –dije repitiendo su acción.

Era típico que ella comenzara las guerras de almohadas.

Nick: ven acá… - ella corría por toda la habitación.

Tú: ¿qué pasa Nicholas? ¿Eres más lento ahora? – se burló.

Nick: no… de hecho soy más veloz. – dije al atraparla.

Tú: Ni se te ocurra hacerme cosquillas.

Nick: no me lo digas así. –dije sin poder resistirme a su mirada.

Tú: ¿cómo? – peguntó con el mismo tono seductor.

Nick: listo, perdí. – la solté y me tiré a la cama de nuevo.

Tú: ¡Bien! – tomó vuelo y se tiró justo encima de mí. – lo siento… ¿te lastimé?

Nick: estoy bien. –sonreí.

Aunque antes éramos jóvenes y los tiempos eran fáciles, dependía de nosotros que todo siguiera igual, nada me hacía más feliz que saber que ahora podría abrazarla antes y después de cada tormenta, porque como siempre decimos: “Un corazón no está completo sin aquel que te abrece durante la tormenta”.







Capítulo XLIX.
“Stronger”


*La familia tenía un nuevo integrante, el pequeño Gabe ya había nacido, y tu hermano no podía estar más feliz.

De nuevo eras tía y lo que más querías era consentir al nuevo bebé, por lo que te escapaste con Danielle una tarde para ir de compras.

*Tú*

Tú: me estoy enamorando de cada prenda de bebé.

Danielle: creo que le compraré mas de una cosas a Jerry.

Tú: iré a tu casa un rato, si no hay problema, quiero pellizcar esos cachetes.

Danielle: genial, seguro Jerry extraña a su tía.

Tú: Mira, para las gemelas. – señalé unos vestidos.

Danielle: _______, mejor salimos de aquí antes de que enloquezcas.

Tú: si, ya lo creo. Paguemos esto.

Salimos de la tienda y fuimos al bufete de mi hermano.

Tu hermano: _________, no tenías que molestarte.

Tú: no es molestia, Alex.

Tu hermano: se lo mostraré a Jane en cuando llegue al apartamento.

Danielle: mándale muchos saludos.

Tu hermano: con gusto Dani.

*Nick*

Cuando llegue a casa casi al atardecer ________ no estaba, pero no la esperé mucho.

Tú: hola Nicholas. – dijo al entrar.

Nick: Hola linda, ¿qué tal tu día?

Tú: un día tranquilo, pasé por la oficina de Alex a llevarle un presente para Gabe y luego pasé a visitar a Jerry. – desabrochó un poco mi corbata.

Nick: ¿Por qué no me avisaste? Quiero verlo. – dije cangándola y elevando un poco sus pies del suelo.

Tú: porque no lo planeé, solo estuve unos minutos.

Nick: ¿quieres ir mañana a New York?

Tú: si, claro. Pero ¿por qué?

Nick: ¿recuerdas que le prometimos a Maya ir a ver su obra?

Tú: Oh Dios, lo había olvidado, y ni siquiera la he llamado, debe odiarme.

Nick: Si te parece bien iremos mañana, y así tendremos una excusa para pasear y disfrutar un ambiente diferente.

Tú: sí, me encantaría.

Nick: ¿mañana en la tarde está bien?

Tú. Perfecto, como quieras. – sonrió.

Nick: entonces, debemos hacer las maletas.

Subimos a nuestra habitación y ella sacó un bolso pequeño y fue en ese momento cuando se me ocurrió una idea.

Nick: eh… linda.

Tú: ¿sí?

Nick: ¿Cuántos días quieres estar allá?

Tú: no sé… ¿por qué preguntas?

Nick: ¿te gustaría toda una semana?

Tú: por supuesto… - se alegró. – pero debo informar a la fundación que no estaré.

Luego de hacer las maletas bajamos a cenar, charlamos, pasamos una noche tranquila, ambos estábamos ansiosos por ir a New York.

*Tú*

Al día siguiente en la tarde abordamos un avión rumbo a mi ciudad favorita, después de Los Ángeles, claro.

A pesar de ser una ciudad tranquila, debido al lanzamiento del nuevo álbum de los Jonas Brothers muchas personas se le acercaban a Nicholas pidiéndole un autógrafo o una foto.

Nick: gracias a ti. – le dijo a una fan y esta se alejó. – vamos al apartamento. – me dijo sonriendo.

Fuimos al apartamento que había comprado unos años atrás cuando protagonizó Les Miserables por quinta vez en Broadway.

Había olvidado lo hermoso que era y la grandiosa vista que tenía.

Tú: hace mucho que no venía. – dije abriendo la ventana.

Nick: yo no tanto como tú, pero me encanta este lugar.

Tú: sí, es mas fresco que L.A.

Nick: oye, ¿qué te parece si llamas a Maya?

Tú: buena idea.

Tomé mi teléfono y la llamé, al segundo intento contestó.

-vía telefónica-

Maya: __________.

Tú: Hola May… ¿qué tal todo?

Maya: genial, aunque aun los estoy esperando.

Tú: la espera terminó.

Maya: ¿Qué quieres decir?

Tú: nos vemos esta noche.

Maya: ¿en serio?  Qué buena noticia.

Tú: hay algo más…

Maya: ¿qué? Dime ya.

Tú: La madre de Nick te mandó un tazón de guacamole.

Maya: oh mi Dios, es el mejor guacamole del mundo, gracias.

Tú: por nada, entonces te dejo y te vemos en la función.

Maya: adiós ________.

-fin de la llamada-


Nick: ¿se emocionó?

Tú: sabes como es ella con el guacamole. -  dije riendo.

Nick: ¿Qué tal si paseamos un rato?

Tú: sí, genial.

*En la noche la función de Maya fue asombrosa, Nick y tú estaban muy emocionados por ella, luego de que todo había terminado fueron con ella al bowling y luego a cenar.

Cada día Nick tenía un plan para divertirse juntos, pero el tiempo de estadía se había agotado y volvieron a L.A ese domingo.

Otra semana pasó velozmente y después de un agotador día de trabajo, ambos estaban en su hogar, disfrutando de una fresca noche californiana.


*Nick*

Nick: toquemos un poco en el piano.

Tú: ya va, ya va… - dijo y corrió hasta el piano. – yo primero.

Nick: está bien. – reí.

Tú: solo un pedazo, es que me dieron ganas de tocarla.

Nick: ¿de quién es la canción?

Tú: tuya, de hecho. – rió.

Comenzó a tocar y supe inmediatamente qué canción era, ella no cantó, solo la tocaba.

Tú: ¿la escribiste para mí? – preguntó riendo.

Nick: puede ser. – reí.

Tú: siempre supe que era para mí.

Nick: ¿cómo? – me sorprendí.

Tú: in the rose garden. (en el jardín de rosas)

Nick: ¿por eso?


Tú: no, por esto; “at the flower shop in town, working hard just to survive”. (En la floristería de la ciudad, trabajando duro para sobrevivir).

Nick: supe lo que paso con tu familia, mis hermanos me habían dicho que casi pierden la tienda.

Tú: ¿qué hay de esta?

La melodía cambió totalmente, y una vez más, reconocí la canción. Esta vez sí cantó.

I wanna know I’m not the only one around – quiero saber que no soy la única aquí
Can you show me something deeper than I found? - ¿puedes mostrarme algo más profundo de lo que he encontrado?

I wanna know you’ll be with me – quiero saber que estarás conmigo
when everything around is falling down – cuando todo a mi alrededor caiga
when I finally get this feet back on the ground – cuando por fin tenga estos pies en el suelo.
You’re making me stronger – me estás haciendo más fuerte
You’re making me stronger – me estás haciendo más fuerte
You’re making me stronger – me estás haciendo más fuerte
Than I’ve ever been now. – de lo que jamás he sido.

Nick: también era para ti.

Tú: lo imaginé. – rió.

Nick: ninguna canción estaría completa si tú no la inspiras.

Tú: eso... – me besó. – es lo mas lindo… - me besó de nuevo. – que pueda escuchar.

Nick: tengo muchas cosas linda que decirte.

Tú: ¿Qué tal si las dices?

Nick: ¿Qué tal si vamos a la cama? Te diré todo allá.

Tú: me… me parece bien, ¿pero no quieres tocar primero?

Nick: eh… - toqué una tecla. – listo.

Tú: está bien. – rió – vamos.

 Subimos  a la habitación casi corriendo, a ella siempre le gustaba que la persiguiera, continuó corriendo alrededor de la cama y cuando por fin la atrapé caímos al suelo.

Nick: ¿te lastimaste?

Tú: no… ¿Qué hay de esas cosas lindas que ibas a decirme? – contestó riendo.

Nick: te amo, eres la mujer más bella del mundo y – la besé. – te amo.

Tú: eso si que fue lindo.- dijo sin dejar de reí.

Nick: ¿tú no dirás nada?

Tú: ¡también te amo! – casi gritó.

Nick: y… - me puse sobre ella - ¿qué quieres hacer?

Tú: exactamente lo que estás pensando.

La besé, y no era como las veces anteriores que iba perdiendo el control poco a poco, en realidad ya lo había perdido desde que estábamos en la sala.

No tardé mucho en quitarme la chaqueta, y mientras ella desabotonaba mi camisa me pregunté ¿Por qué nos vestimos con tantas prendas? Al final solo era una pérdida de tiempo, nos impedía ir al grano rápidamente.

Hice lo posible para que nuestros labios no se separaran mientras la levantaba para acostarla en la cama. Se me dificulto un poco quitar mi cinturón, pero después de luchar un poco y controlar mis temblorosos dedos, lo logré.

Nuestras pieles ardían, o al menos sentía que la de ella me quemaba, mis manos comenzaron a deslizarse por todo su cuerpo mientras que sus manos inocentes solo jugaban con mi cabello o simplemente rodeaban mi cuello.

Por fin pude desabrochar ese brasier que lo único que hacía en ese momento era estorbar.

Su olor me volvía loco y su piel me seguía quemando, me preguntaba si la hacía arder tanto como ella a mí, quería que todo fuera perfecto, y la única manera de hacer el momento perfecto era siendo tan sutil como la música a tempo medio, como una simple y hermosa melodía que no necesitara rimas, solo muchos compases que duraran toda la noche.





14 de agosto de 2014

TERCERA TEMPORADA

Capítulo XLVII. 
“Electric Storm”

*Tú*
Era una linda tarde, estábamos en el jardín. En cada reunión familiar veíamos a los niños jugando. Rachell y Jamie Mariam, las hijas de Joe y Chels, apenas podían caminar pero aun así jugaban con el pequeño Jerry  y Danna, la hija de Brian y Dina, a la pelota.
La familia se estaba  llenando de niños, mi hermano y Jane ya estaban a la espera de uno, y Valerie y Mickey estaban planificando un embarazo.
Pero por alguna razón yo no había logrado quedar embarazada aun, desde hace varios días Nicholas se había comportaba muy extraño, y sabía perfectamente que no era por problemas con sus niveles de azúcar, ya que hace menos de una semana se había realizado los exámenes y afortunadamente se encontraba bien.
Dina: Danna, no corras tanto. – le dijo a su hija desde la mesa.
Tú: déjala, está jugando. – dije riendo.
Chelsea: ya veremos a las gemelas corriendo por el jardín dentro de poco.
Valerie: no les falta mucho, ya caminan.
Chelsea: cuando Joe las deja caminar.
Jane: cuando nazca Gabe, Jerry tendrá con quien jugar.
Danielle: sí, mi niño necesita un primito.
Valerie: Oye _________, ¿tú y Nick aun no planean tener hijos?
Tú: eh… aun no.

No sabía que decir, volteé a ver hacia el lugar donde estaban los chicos y vi a Nicholas, se veía contento, tal vez una reunión con sus hermanos era lo que le hacía falta.
Todos se fueron cuando el reloj casi pisaba las 10pm, recogí un poco la cocina y luego subí a la habitación, Nicholas ya estaba ahí.
Tú: ¿quedaste con hambre? Quedó un poco de…
Nick: no tengo hambre, gracias. – dijo y entró al baño.

No le insistí, solo me puse mi pijama y me acosté. Cuando Nick salió del baño se dirigió a la puerta.
 Tú: ¿A dónde vas?
Nick: veré un poco de TV en la sala, buenas noches. – dijo y salió.

Me sentía frustrada, si quería saber que le pasaba a Nicholas, tenía que averiguarlo de una vez por todas, así que aparté las sábanas, salí de la habitación y fui directo a la sala.

Nick: ¿pasa algo? – dijo al verme.
Tú: no sé, dímelo tú.
Nick: ¿a qué te refieres?
Tú: ¿estás bravo conmigo o…?
Nick: por favor ___________, no empieces. – dijo cansado.
Tú: entonces ¿por qué no acabas con esto y me dices de una vez qué rayos te pasa?
Nick: no es nada.
Tú: ¿por qué esperas a que me duerma para subir?
Él no respondió, y no me quedé a esperar que lo hiciera, simplemente subí de nuevo.
Una lágrima recorrió mi mejilla, “¿acaso había hecho algo mal?” me pregunté una y otra vez, apenas llevábamos 6 meses de casados y él ya no quería siquiera acercarse a mí en las noches, “¿cómo fue que cambió todo?” me decía a mí misma.
Después de dar tantas vueltas en la cama logré dormir.
Cuando me desperté al día siguiente Nicholas estaba ahí, no quise despertarlo, pues no quería discutir, así que me fui a la fundación.
Tenía mi propio auto, no era necesario esperar a que me llevara.
Letty: Hola ________. – saludó.
Tú: Buenos días Letty.
Letty: ¿estás bien? – dijo un poco preocupada.
Tú: sí, solo pasé una mala noches, es todo. –sonreí.
Letty: bueno…
Tú: ¿qué toca hoy, Letty? - pregunté rápidamente.
Letty: Nutrición. – dijo leyendo unos papeles.
Tú: ¿de qué edades?
Letty: de 15 a 18.
Tú: bien, ¿ya hay pacientes?
Letty: sí, deben estar sentados afuera de tu consultorio.
Tú: gracias Letty, nos vemos.

Fui a mi consultorio y comencé a atender a mis pacientes, pero las horas volaron y no quería ir a casa, por lo que decidí quedarme incluso después de que ya no faltaran mas adolescentes por pasar.
Miraba por la ventana y veía el jardín de la academia, cada vez había más niños, me encantaba verlos felices, jugando y haciendo lo que aman.
Luego el sonido del teléfono me despertó del trace en el que me encontraba.

-vía telefónica-
Tú: dime Letty.
Letty: el doctor Sergio está aquí.
Tú: dile que pase.
Letty: como digas.
Tú: gracias.
-fin de la llamada-

Casi de inmediato Sergio toco a mi puerta y luego entró.
Sergio: hola ________.
Tú: hola, ¿todo bien?
Sergio: sí, vine a traerte este caso. – me entrego unos papeles. – creo que debes hablar con sus padres.
Tú: es Alan… - leí cuidadosamente esos exámenes. – cielos, están muy altos sus niveles de azúcar.
Sergio: sugiero que utilice omnipod.
Tú: por supuesto, la fundación lo costeará.
Sergio: genial, pero sus padres deben tener la charla de los cuidados, tengo entendido que tú eres quien se encarga de eso.
Tú: sí, lo anotaré de una vez en la agenda y le diré a Letty que los llame.
Sergio: _______ ¿estás bien?
Tú: sí, bueno, ahora un poco preocupada por Alan, él es un buen chico.
Sergio: sí, pero me refería a que te ves… triste.
Tú: no, es solo que pasé una mala noche. – le dije lo mismo que a Letty.
Sergio: la vieja excusa de la mala noche.
Tú: es en serio. – reí.
Sergio: ¿me aceptas un café?
Tú: no, gracias pero la verdad es que…
Sergio: vamos, aunque sea un panecillo del comedor.
Tú: está bien.

Acepté ir con Sergio, tal vez así se pasaba el tiempo aun más rápido y llegaría a casa luego de la puesta del sol, directo a la cama.
Conversamos un buen rato, hasta pude reír un poco.

Tú: lo siento, pero ya debo irme. – dije tomando mi bata y mi maletín.
Sergio: fue un gusto pasar un rato contigo.
Tú: igual, adiós.

Conduje lo más lento que pude a casa y tomé el camino más largo, puse la radio a todo volumen, ni siquiera quería escuchar mis pensamientos, canté como una loca cada una de las canciones de esa estación de radio, y así fue como una vez más la música hizo que me desahogara un poco.
Entré a casa y Nicholas estaba en la sala.

Nick: llegaste tarde.
Tú: esa era mi intención. – dije sin siquiera mirarlo.
No me detuve, pero él sostuvo mi brazo para obligarme a hacerlo.
Nick: tenemos que hablar.
Tú: ¿hablar? ¿Quieres hablar Nicholas? He pasado todos estos días queriendo hablar contigo y es hoy cuando quieres que hablemos, justo cuando no quiero hablar.
Zafé mi brazo de su mano y subí las escaleras, entré a nuestra habitación y tiré mis cosas al piso, para mi sorpresa, inmediatamente entró Nicholas.
Nick: ________...
Tú: escucha, no sé lo que te pasa, no sé que hice para que estés tan distante, me haces pensar que no quieres estar conmi…
Nick: no digas eso. – me interrumpió.
Tú: cada vez que quiero hablar contigo me evades, y el tema del bebé…
Nick: hemos hablado de eso miles de veces, te dije que no es el momento.
Tú: ¿Cuál es el momento? Te cuidas más que adolescente para evitar un embarazo.
Nick: ________, escucha…
Tú: si no querías esto, no me hubieses ilusionado con esos temas cuando éramos novios, de esa manera hubiese sabido que esperar de ti.
Nick: tú no entiendes.
Tú: ¡¿Cómo quieres que entienda si nunca me explicas?!
Nick: baja la voz.
Tú: iré a dormir al cuarto de huéspedes, estoy cansada.
Nick: ¿cansada? ¿De qué? ¿De reírte con Sergio?
Tú: ¿qué?
Nick: no te hagas… los vi, muy risueñitos riendo en el comedor.
Me acerqué a él tratando de contener la calma.
Tú: escucha Nicholas, por lo menos reía, y no estaba a punto de soltar una lágrima como ahora, adiós.

Salí de la habitación y fui directo a la habitación vecina, no esperaba que Nicholas me siguiera, su orgullo era casi tan grande como el mío, además, no quería escuchar otra palabra de él.
Era típico en Nicholas querer invertir el problema cuando él no tenía la razón, estaba casi segura que era por eso por lo que Sergio había salido en nuestra discusión.
Quise leer un poco el libro que me había obsequiado mi mamá hace unos meses, “Electric Storm” apenas leí una línea (“El amor es una tormenta eléctrica de placer y dolor donde los truenos y los relámpagos están chocando y golpeando con nosotros.”) y cerré el libro nuevamente, mi concentración estaba por el suelo acompañando a mis ánimos. Miré el techo alrededor de 2 horas antes de caer en un sueño no tan profundo.

Me desperté al día siguiente gracias a la alarma de mi celular, y en la mesita de noche vi una rosa y una nota que decía “te amo”  con la letra de Nicholas.
Bajé a la cocina por unas tostadas antes de ir a trabajar.
Nick: buenos días. – dijo sonriendo.
Tú: buenos días. – respondí algo confusa.
Nick: ¿quieres café?
Tú: solo vine por una tostada, ya me voy a la fundación.
Nick: ________. – se acercó a mí.

Se acercó aun mas, no quería caer de nuevo en su ternura, no después de lo de la noche anterior.
Tú: Nicholas, ¿creíste que con una rosa me iba a contentar?
Nick: ¿puedes olvidarlo?
Tú: ni siquiera sé lo que tengo que olvidar, porque según tú no pasa a nada.
Nick: perdóname de una vez ¿sí? no fue tu culpa, estaba un poco estresado, hemos estado escribiendo, grabando,  Jonas Enterprises me ha estado consumiendo estos días, solo discúlpame.
Tú: ¿seguro solo era eso?
Nick: sí linda, no volverá a pasar.
Tú: bueno, en ese caso… gracias por la rosa.
Nick: ¿y la nota?
Tú: también te amo.
Nick: ven acá… - dijo y me abrazó.
Tú: te aceptaré el café.
Nick: ¿luego quieres que te lleve?
Tú: sí.



Capítulo XLVIII.
“Before the storm”

*Nick*
Sus deseos de tener un bebé eran cada vez más grandes, y lo único que podía decirle era “no es el momento” pero ella tenía razón, nunca sabremos cual será el momento, simplemente pasará, pero no pasaría si seguía cuidándome de la manera en que lo hacía,  _________ siempre me pedía una explicación y tenía todo el derecho de hacerlo, pero siempre la evadía y sabía que esa situación no iba a durar por más tiempo.

Tú: ¿no te imaginas a un niño nuestro corriendo por el jardín? – dijo cuando estábamos en la cama.
Nick: si pero…
Tú: ¿Por qué me decías que querías tener un ejército de hijos?
Nick: porque eso quiero.
Tú: que tierno. – dijo con sarcasmo y me dio la espalda.

La verdad no estábamos peleando, y era un alivio, pero ya no podía seguir con eso, debía decirle lo que pensaba, ella debía saber lo que me estaba comiendo por dentro, no podía seguir torturándola, nada tenía que ver con “el momento adecuado”, todo eso eran puras excusas y yo sabía que con eso no la engañaba.

Nick: linda, siéntate.
Tú: es tarde Nicholas. – dijo sin moverse.
Nick: lo sé, pero quiero decirte algo.
Tú: está bien, dime. – dijo al sentarse.
Nick: me encantaría tener 2 ejércitos de niños.
Tú: ya no te creo Nicholas. – dijo un poco deprimida.
Nick: y supongo que es mi culpa el hecho de que no me creas. – tomé su mano.
Tú: supones bien.
Nick: ¿crees que no quiero una niña que sea idéntica a ti?
Tú: no sé.
Nick: o un niño que diga “papá, juguemos pelota”.
Tú: dímelo tú.
Nick: claro que quiero _________, sería un idiota si no.
Tú: pero hay algo más ¿no?
Nick: sí, algo que me perturba.
Tú: ¿me dirás qué es?
Nick: no quiero que nuestros hijos sean como yo.
Tú: no entiendo.
Nick: vamos _________, eres doctora, sabes a lo que me refiero.
Tú: Soy doctora, pero no adivina o bruja.
Nick: no quiero que hereden  mi enfermedad.
Tú: dime que no es cierto lo que estás diciendo. – dijo tapándose la cara con sus manos.
Nick: no quiero que pasen por lo que yo pasé.
Tú: nuestros hijos serán como Dios quiera que sean.
Nick: tú no entiendes lo que es vivir con una enfermedad a la que solo puedes controlar, es una enfermedad en la que un mínimo descuido te puede llevar a semanas en cama.
Tú: hablas como si  no supiera nada acerca de la diabetes.
Nick: no sabes lo que es estar enfermo.
Tú: sí, si lo sé, he pasado toda mi vida dependiendo de un inhalador.
Nick: lo tuyo es solo asma.
Tú: ¿solo asma? – dijo desconcertada.
Nick: no quise decirlo así, es solo que…
Tú: ¿te has preguntado alguna vez lo que se siente no poder respirar?
Nick: no…
Tú: no, eso pensé. 
Nick: no lo dije para que te enojaras.
Tú: ¿sabes cuál sería la diferencia entre tus hijos y tú?
Nick: no…
Tú: que te tendrán a ti.
 Nick: a ti también…
Tú: ¿eso crees? – antes de que pudiera contestar se acostó y me dio su espalda de nuevo.
Nick: _______, entiende…
Tú: ¿qué debo entender?
Nick: es solo un estúpido temor, lo sé.
Tú: llevas años diciéndole a decenas de niños que no deben vivir reprimidos por la diabetes, vives recordándoles que ellos tienen la enfermedad y que la enfermedad  no los tiene a ellos, ¿ahora me dirás que solo lo decías por decirlo?
Nick: no.
Tú: buenas noches.
Nick: sabes que te amo.
Tú: genial, yo igual.
Nick: no lo digas así.
Tú: ya me dormí.
Nick: no – como pude la volteé y de pronto me encontraba sobre ella. – dejemos que todo pase cuando tenga que pasar, no planifiquemos nada, dejemos que el tiempo decida.
Tú: ¿quieres decir que…?
Nick: quiero decir que me preocuparé por mi presente y dejaré que el tiempo escriba una linda historia.
Tú: odio discutir contigo.
Nick: no más de lo que yo odio. – sonreí.
Tú: entonces…
Nick: entonces dame un beso, abrázame y durmamos.

Hizo lo que le pedí y añadió una linda sonrisa, no tenia caso seguir ocultando mis pensamientos, hablar era lo mejor que podía hacer y eso hice.
Sentí que solo cerré los ojos por un momento y ya era sábado en la mañana.
Me levanté cuidadosamente, quería sorprenderla con un rico desayuno, pero antes de salir de la habitación, ella despertó.
Tú: ¿Nicholas?
Nick: Buenos días linda.
Tú: buenos días. – sonrió.
Me acerqué y me senté en la cama, justo a su lado.
Nick: iba a preparar desayuno.
Tú: te acompaño. – apartó las sábanas.
Nick: de ninguna manera, espérame aquí.
Tú: ¿seguro?
Nick: sí, espérame, te traeré algo.

*Tú*
Nicholas no volvió hasta al cabo de unos 20 minutos, y aproveché de hacer la cama en su ausencia.
Nick: listo. – entró con una bandeja.
Tú: ¿qué hiciste? Huele delicioso.
Nick: huevos revueltos, se suponía que iban a ser estrellados, un ligero error.
Tú: está bien. – reí.
Nick: ¿qué quieres hacer hoy?
Tú: tal vez quedarnos todo el día en la cama. – dije encogiéndome de hombros.
Nick: yo pensé en quedarnos todo el día en la cama y pasear en el parque en la tarde.
Tú: tu idea es mejor.
Nick: ojalá Elvis estuviera con nosotros.
Tú: también lo extraño, pero ya estaba muy cansado.
Nick: lo tuve desde los 16.
Tú: lo sé. – dije un poco deprimida.
Nick. Pero ya no hablemos de él.
Tú: eh… ¿entonces vamos al parque?
Nick: sí, podríamos patinar.
Tú: sí. – dije ansiosa. – hace tiempo que no lo hacemos.
Nick: eres tan hermosa… - dijo de repente acariciando mi mejilla.
Tú: Nicholas, haces que…
Nick: me encanta ver tus mejillas coloradas. –me interrumpió.
Tú: me asustas, no sé como lees mi mente. – reí.
Nick: yo tampoco, pero es genial.
Tú: iré a llevar los platos y…
Nick: no, yo los llevo.
Tú: vamos te ayudaré a…
Nick: no, yo los lavo.- dijo rápidamente.
Tú: cielos, debo tener un micrófono en la mente. – dije divertida.

*Nick*
Bajé y lave los platos lo más rápido que pude y volví a la habitación.
Nick: regresé. – dije al tirarme a la cama.
Tú: gracias por el desayuno.
Nick: no necesitas agradecer.
Tú: claro que sí.
Nick: solo dame un beso.
Tú: ¿uno?
Nick: los que quieras.
Me acerqué y la besé de la manera más tierna que encontré, acaricié sus mejillas mientras sus manos entrelazaban mi cuello, ¿cómo podía transportarme a otro mundo tan fácilmente? Tan solo con un beso de ella viajaba al infinito, tan solo con una caricia me elevaba aun más alto y el aterrizaje se iba haciendo más duro cada vez que se alejaba.
Nick: podría morir y nacer de nuevo en tus labios.
Tú: podría hacer eso miles de veces en los tuyos.
Nick: ¿por qué siempre quieres ganarme?
Tú: porque… - tomó una almohada y me golpeó. – siempre gano las World War III.
Nick: no lo creo. –dije repitiendo su acción.
Era típico que ella comenzara las guerras de almohadas.
Nick: ven acá… - ella corría por toda la habitación.
Tú: ¿qué pasa Nicholas? ¿Eres más lento ahora? – se burló.
Nick: no… de hecho soy más veloz. – dije al atraparla.
Tú: Ni se te ocurra hacerme cosquillas.
Nick: no me lo digas así. –dije sin poder resistirme a su mirada.
Tú: ¿cómo? – peguntó con el mismo tono seductor.
Nick: listo, perdí. – la solté y me tiré a la cama de nuevo.
Tú: ¡Bien! – tomó vuelo y se tiró justo encima de mí. – lo siento… ¿te lastimé?
Nick: estoy bien. –sonreí.

Aunque antes éramos jóvenes y los tiempos eran fáciles, dependía de nosotros que todo siguiera igual, nada me hacía más feliz que saber que ahora podría abrazarla antes y después de cada tormenta, porque como siempre decimos: “Un corazón no está completo sin aquel que te lleva a través de la tormenta”.














Capítulo XLIX.
“Stronger”

*La familia tenía un nuevo integrante, el pequeño Gabe ya había nacido, y tu hermano no podía estar más feliz.
De nuevo eras tía y lo que más querías era consentir al nuevo bebé, por lo que te escapaste con Danielle una tarde para ir de compras.
*Tú*
Tú: me estoy enamorando de cada prenda de bebé.
Danielle: creo que le compraré mas de una cosas a Jerry.
Tú: iré a tu casa un rato, si no hay problema, quiero pellizcar esos cachetes.
Danielle: genial, seguro Jerry extraña a su tía.
Tú: Mira, para las gemelas. – señalé unos vestidos.
Danielle: _______, mejor salimos de aquí antes de que enloquezcas.
Tú: si, ya lo creo. Paguemos esto.

Salimos de la tienda y fuimos al bufete de mi hermano.

Tu hermano: _________, no tenías que molestarte.
Tú: no es molestia, Alex.
Tu hermano: se lo mostraré a Jane en cuando llegue al apartamento.
Danielle: mándale muchos saludos.
Tu hermano: con gusto Dani.

*Nick*
Cuando llegue a casa casi al atardecer ________ no estaba, pero no la esperé mucho.
Tú: hola Nicholas. – dijo al entrar.
Nick: Hola linda, ¿qué tal tu día?
Tú: un día tranquilo, pasé por la oficina de Alex a llevarle un presente para Gabe y luego pasé a visitar a Jerry. – desabrochó un poco mi corbata.
Nick: ¿Por qué no me avisaste? Quiero verlo. – dije cangándola y elevando un poco sus pies del suelo.
Tú: porque no lo planeé, solo estuve unos minutos.
Nick: ¿quieres ir mañana a New York?
Tú: si, claro. Pero ¿por qué?
Nick: ¿recuerdas que le prometimos a Maya ir a ver su obra?
Tú: Oh Dios, lo había olvidado, y ni siquiera la he llamado, debe odiarme.
Nick: Si te parece bien iremos mañana, y así tendremos una excusa para pasear y disfrutar un ambiente diferente.
Tú: sí, me encantaría.
Nick: ¿mañana en la tarde está bien?
Tú. Perfecto, como quieras. – sonrió.
Nick: entonces, debemos hacer las maletas.
Subimos a nuestra habitación y ella sacó un bolso pequeño y fue en ese momento cuando se me ocurrió una idea.
Nick: eh… linda.
Tú: ¿sí?
Nick: ¿Cuántos días quieres estar allá?
Tú: no sé… ¿por qué preguntas?
Nick: ¿te gustaría toda una semana?
Tú: por supuesto… - se alegró. – pero debo informar a la fundación que no estaré.

Luego de hacer las maletas bajamos a cenar, charlamos, pasamos una noche tranquila, ambos estábamos ansiosos por ir a New York.

*Tú*
Al día siguiente en la tarde abordamos un avión rumbo a mi ciudad favorita, después de Los Ángeles, claro.
A pesar de ser una ciudad tranquila, debido al lanzamiento del nuevo álbum de los Jonas Brothers muchas personas se le acercaban a Nicholas pidiéndole un autógrafo o una foto.
Nick: gracias a ti. – le dijo a una fan y esta se alejó. – vamos al apartamento. – me dijo sonriendo.
Fuimos al apartamento que había comprado unos años atrás cuando protagonizó Les Miserables por quinta vez en Broadway.
Había olvidado lo hermoso que era y la grandiosa vista que tenía.
Tú: hace mucho que no venía. – dije abriendo la ventana.
Nick: yo no tanto como tú, pero me encanta este lugar.
Tú: sí, es mas fresco que L.A.
Nick: oye, ¿qué te parece si llamas a Maya?
Tú: buena idea.
Tomé mi teléfono y la llamé, al segundo intento contestó.

-vía telefónica-
Maya: __________.
Tú: Hola May… ¿qué tal todo?
Maya: genial, aunque aun los estoy esperando.
Tú: la espera terminó.
Maya: ¿Qué quieres decir?
Tú: nos vemos esta noche.
Maya: ¿en serio?  Qué buena noticia.
Tú: hay algo más…
Maya: ¿qué? Dime ya.
Tú: La madre de Nick te mandó un tazón de guacamole.
Maya: oh mi Dios, es el mejor guacamole del mundo, gracias.
Tú: por nada, entonces te dejo y te vemos en la función.
Maya: adiós ________.
-fin de la llamada-

Nick: ¿se emocionó?
Tú: sabes como es ella con el guacamole. -  dije riendo.
Nick: ¿Qué tal si paseamos un rato?
Tú: sí, genial.

*En la noche la función de Maya fue asombrosa, Nick y tú estaban muy emocionados por ella, luego de que todo había terminado fueron con ella al bowling y luego a cenar.
Cada día Nick tenía un plan para divertirse juntos, pero el tiempo de estadía se había agotado y volvieron a L.A ese domingo.
Otra semana pasó velozmente y después de un agotador día de trabajo, ambos estaban en su hogar, disfrutando de una fresca noche californiana.

*Nick*
Nick: toquemos un poco en el piano.
Tú: ya va, ya va… - dijo y corrió hasta el piano. – yo primero.
Nick: está bien. – reí.
Tú: solo un pedazo, es que me dieron ganas de tocarla.
Nick: ¿de quién es la canción?
Tú: tuya, de hecho. – rió.
Comenzó a tocar y supe inmediatamente qué canción era, ella no cantó, solo la tocaba.
Tú: ¿la escribiste para mí? – preguntó riendo.
Nick: puede ser. – reí.
Tú: siempre supe que era para mí.
Nick: ¿cómo? – me sorprendí.
Tú: in the rose garden. (en el jardín de rosas)
Nick: ¿por eso?
Tú: no, por esto; “at the flower shop in town, working hard just to survive”. (En la floristería de la ciudad, trabajando duro para sobrevivir).
Nick: supe lo que paso con tu familia, mis hermanos me habían dicho que casi pierden la tienda.
Tú: ¿qué hay de esta?
La melodía cambió totalmente, y una vez más, reconocí la canción. Esta vez sí cantó.
I wanna know I’m not the only one around – quiero saber que no soy la única aquí
Can you show me something deeper than I found? - ¿puedes mostrarme algo más profundo de lo que he encontrado?
I wanna know you’ll be with me – quiero saber que estarás conmigo
when everything around is falling down – cuando todo a mi alrededor caiga
when I finally get this feet back on the ground – cuando por fin tenga estos pies en el suelo.
You’re making me stronger – me estás haciendo más fuerte
You’re making me stronger – me estás haciendo más fuerte
You’re making me stronger – me estás haciendo más fuerte
Than I’ve ever been now. – de lo que jamás he sido.
Nick: también era para ti.
Tú: lo imaginé. – rió.
Nick: ninguna canción estaría completa si tú no la inspiras.
Tú: eso... – me besó. – es lo mas lindo… - me besó de nuevo. – que pueda escuchar.
Nick: tengo muchas cosas linda que decirte.
Tú: ¿Qué tal si las dices?
Nick: ¿Qué tal si vamos a la cama? Te diré todo allá.
Tú: me… me parece bien, ¿pero no quieres tocar primero?
Nick: eh… - toqué una tecla. – listo.
Tú: está bien. – rió – vamos.

 Subimos  a la habitación casi corriendo, a ella siempre le gustaba que la persiguiera, continuó corriendo alrededor de la cama y cuando por fin la atrapé caímos al suelo.

Nick: ¿te lastimaste?
Tú: no… ¿Qué hay de esas cosas lindas que ibas a decirme? – contestó riendo.
Nick: te amo, eres la mujer más bella del mundo y – la besé. – te amo.
Tú: eso si que fue lindo.- dijo sin dejar de reí.
Nick: ¿tú no dirás nada?
Tú: ¡también te amo! – casi gritó.
Nick: y… - me puse sobre ella - ¿qué quieres hacer?
Tú: exactamente lo que estás pensando.

La besé, y no era como las veces anteriores que iba perdiendo el control poco a poco, en realidad ya lo había perdido desde que estábamos en la sala.
No tardé mucho en quitarme la chaqueta, y mientras ella desabotonaba mi camisa me pregunté ¿Por qué nos vestimos con tantas prendas? Al final solo era una pérdida de tiempo, nos impedía ir al grano rápidamente.
Hice lo posible para que nuestros labios no se separaran mientras la levantaba para acostarla en la cama. Se me dificulto un poco quitar mi cinturón, pero después de luchar un poco y controlar mis temblorosos dedos, lo logré.
Nuestras pieles ardían, o al menos sentía que la de ella me quemaba, mis manos comenzaron a deslizarse por todo su cuerpo mientras que sus manos inocentes solo jugaban con mi cabello o simplemente rodeaban mi cuello.
Por fin pude desabrochar ese brasier que lo único que hacía en ese momento era estorbar.
Su olor me volvía loco y su piel me seguía quemando, me preguntaba si la hacía arder tanto como ella a mí, quería que todo fuera perfecto, y la única manera de hacer el momento perfecto era siendo tan sutil como la música a tempo medio, como una simple y hermosa melodía que no necesitara rimas, solo muchos compases que duraran toda la noche.
















Capítulo L.
“Say”
*Tú*
Is there any way to show you to see what I see? -  ¿Hay alguna manera enseñarte a que veas lo que puedo ver?
to make you feel what I  can feel  - de hacerte sentir lo que puedo sentir
Is there any way to make you believe what I believe? - ¿Hay alguna manera de hacerte creer en lo que creo?
‘Cause you can make my dream so real – porque tú puedes hacer mi sueño muy real.

Say you love me - di que me amas
say you want me – di que me quieres
say you always dreaming of me – de que siempre sueñas conmigo
say the word – di la palabra
and baby you’ll be mine – y cariño, serás mío.

Say you love me - di que me amas
say you need me  - di que me necesitas
say you just can’t wait to see me – di que simplemente no puedes esperar a verme
say the word – di la palabra
and baby you’ll be mine – y cariño, serás mío.



Kevin: grandioso como siempre. – dijo mientras los niños de la clase de piano aplaudían.
Tú: gracias.
Samuel: ¿quién te enseño a tocar, ________?
Tú: mi padre, él siempre tocaba para mí.
Kevin: oye, ________ ¿cómo está Alan?
Tú: esta mejor, pasó unos cuantos días en una de las habitaciones de la fundación pero ya está en casa, regresará cuando se sienta mejor.
Pj: que bueno, la clase de cocina ya lo extraña.
Tú: todas las clases y todos nosotros. – reí.
Amy: ¿tacarás algo mas, __________?
Tú: no chicos, ahora es su turno, no aprenderán solo viéndome.
Kevin: ¿te vas?
Tú: Sí, debo arreglar unos asuntos en el consultorio antes de ir a casa ¿podrías abrazar mucho a Jerry por mí?
Kevin: descuida. – rió.
Tú: Adiós chicos.

Cuando llegue a la recepción de la fundación me encontré con Joe, mi prima y esas hermosas gemelas que le quitaban el sueño a cualquiera.

Tú: Oh por Dios, siento que crecieron demasiado en estos 2 días que no las he visto. – dije al cargar a Jamie. – vamos a mi consultorio.
Chelsea: Rachell, saluda a tía ________. – le dijo a su hija, pero esta abrazó aun mas a Joe.
Joe: Jamie es más sociable. – rió.
Tú: ya veo. Dame un beso Jay. – le decía a la bebé con voz infantil.
Chelsea: debe tener hambre.
Tú: Aun falta mucho para la cena, bebé. – Jamie reia - ¿y que los trae por aquí?
Joe: salimos un rato al parque y pasamos a visitar.
Tú: y no saben cuánto se los agradezco. – reí.
Chelsea: debemos aprovechar cuando ellos no están en el estudio.
Joe: estamos trabajando. – protestó.
Tú: le dije a Nicholas que no debían abusar, pasar 18 horas en el estudio es agotador, aunque digan lo contrario.
Joe: las horas pasan volando, ni siquiera lo notamos.
Chelsea: ¿Dónde está Nick?
Tú: debe estar en el piso de arriba, tenía una conferencia, pero ya debe haber  salido de eso
Joe: le pasaré un mensaje para que vea a las gemelas.
Tú: ¿aun no dicen mas palabras? – le pregunté a mi prima.
Chelsea: las mismas de siempre, pero ahora  “tarra” es una nueva palabra en su vocabulario.
Tú: ¿qué significa?
Joe: guitarra.
Tú: qué hermosas.
Joe: y Rachell dice “Joe”.
Tú: ¿en serio? – reí.
Joe: sí, y Chelsea no la corrige.
Chelsea: muero de risa cada vez que le dice “Joe”.
Joe: le enseñaré a Jamie a llamarte “Chels”
Chelsea: vamos Joe, - siguió riendo. – seguro escucha cuando te nombro, y por eso te llama así.
Luego de unos instantes llegó Nick.
Nick: mis sobrinas favoritas. – tenía en cada brazo una gemela.
Joe: son las únicas sobrinas que tienes, Nick.
Nick: creo que Jamie se parece a mí.
Joe: sigue soñando.                       
Jamie: iqui.
Nick: ¿Qué dijo? – preguntó con emoción.
Chelsea: creo que “Nicky”
Nick: genial. Ahora tú, Rachell… di “tío Nicky” – le dice a la bebé.
Rachell: iqui.
Nick: me aman.
Tú: eso no es justo. ¿Por qué dicen “Nicky”? - le pregunte a las gemelas, y estas rieron.
Nick: son un encanto.
*Nick*
Nos despedimos de mi hermano y su esposa en el estacionamiento de la fundación, _________ había llevado su auto, así que nos tocaba ir a casa por separado.
Pero llegue a casa y ella aun no estaba ahí, quizás la esperé solo unos cuantos minutos más, pero eso no impidió que me preocupara.

Nick: ya me estaba preocupando, creí que venias detrás de mí. – dije cuando entró.
Tú: es que me devolví a buscar esta caja, ¿me ayudas?
Nick: te hubiese podido ayudar allá, linda.
Tú: descuida, cuando iba saliendo me tropecé con Sergio y él…
Nick: ¿Sergio?
Tú: sí, me ayudó a llevarla al auto.
Nick: qué caballero.
Tú: Nicholas…
Nick: ¿qué?
Tú: ¿por qué lo odias tanto?
Nick: porque le gustas.
Tú: sí pero… ¿quién es mi esposo?
Nick: ¿yo?
Tú: ¿por qué respondes con una interrogante? – dijo riendo.
Nick: no te rías.
Tú: ¿qué quieres cenar? – caminó hasta la cocina.
Nick: ¿estás en el menú? – la seguí.
Tú: no, pero hay un poco de asado.
Nick: no tengo hambre.
Tú: yo tampoco, solo me quiero bañar.
Nick: ¿y después? – yo solo quería llevarla a la cama.
Tú: Nicholas, sé en lo que estás pensando, pero estoy muy cansada, me daré una ducha.

Subimos a la habitación, ella tardó mucho en el baño, mientras yo de una vez me hundía en las sabanas dándome cuenta de que mi cansancio también me estaba derrotando de tal manera que no recuerdo cuando ella se acostó junto a mí y me abrazó hasta el día siguiente. 

*Tú*
Tú: Nicholas, despierta. – dije suavemente. – Nicho…
Nick: buenos días – dijo un poco adormitado.
Tú: Apúrate mi Nicholas, recuerda que hoy comienzan los juegos.
Nick: ¿sabes que mi equipo ganará? – aun no abría los ojos.
Tú: vamos, levántate. – reí.

Aunque era sábado por la mañana, debíamos ir a los terrenos de la academia para la inauguración de los juegos de softball.
Cuando llegamos ya había michos miembros de los equipos, Nicholas y yo estábamos en equipos diferentes, al igual que Joe, Chelsea, Kev y Dani. Solo habían seis equipos, cada uno de nosotros era el capitán, solo podía participar los chicos que se habían inscrito para ese deporte, los demás tenían otros campeonatos organizados por los consejeros.
Kevin: ¿listo para perder? – le dijo a Nick.
Nick: ¿te lo estás preguntando a ti mismo?
Dani: ya chicos, no importa qué equipo gane.
Joe: sigues cayendo en lo mismo después de tantos años, Dani, sabes que es bromeando.
Tú: iré a encontrarme con mis chicos.
Nick: suerte linda. – dijo sonriendo.
Tú: igual. – le tiré un beso y me alejé.
Caminé hacia las bancas y me encontré con 12 chicos que conformaban mi equipo, era de edades un poco mixtas, el más pequeño tenía 13 y la chica mayor tenía 17.
Tú: hola niños. – correspondieron mi saludo. - ¿listos para jugar?
George: ¿con quién jugamos primero?
Tú: según la selección jugamos primero con el equipo de Kevin.
Louis: será fácil. – aseguró.
Tú: ¿por qué?
Carl: la mayoría son chicas.
Ruth: aquí también hay, Carl.
Tú: no subestimes a las niñas. – dije riendo.
Darla: solo por eso iras a la banca.
Tú: no, no elegiremos así quien estará en la banca. Todo se ha hecho por sorteo, y así seguirá siendo.  

Las únicas 2 chicas que había en mi equipo juraron el primer inning, el otro equipo nos estaba dando una paliza y a nosotros nos costaba hacer outs.
Nicholas me alentaba desde las tribunas, pero mi equipo estaba flojo, así que pedí tiempo.

Tú: ¿qué pasa Carl? Creí que podías contra las chicas.
Carl: claro que sí.
Tú: entonces juguemos bien.
Darla: faltan dos innings ________.
Simón: no hay manera de que los alcancemos.
Tú: no, no digan eso, necesitamos 4 carreras para empatar.
Chris: ¿te parece poco?
Tú: sí, si es muy poco. Volvamos al juego.

Seguimos jugando, a pesar de que mis chicos se esforzaron mas no pudimos empatar, pero al menos perdimos con la diferencia mínima.

Tú: gran juego, Kev. Felicidades chicos.
Kevin: ustedes también estuvieron increíbles, creí que nos alcanzarían.
Ahora era el turno del equipo de Chelsea y Nicholas de jugar.
Ese juego fue muy reñido, Nicholas pichaba muy bien, y Chelsea era una gran atacante, ambos muy buenos deportistas con excelentes equipos.
Joe: esa es mi esposa. – dijo de repente.
Tú: ¿en serio? – reí.
Joe: ¡ese es mi hermano! – gritó cuando Nicholas ponchó a Chels.
Chelsea le lanzó una mirada de “¿bromeas?” pero Joe solo se limitó a lanzarle un beso.
Danielle: veremos si mañana estarás así de contento Joe.
Joe: no hermana, estaré más contento.
Danielle: ¿eso crees?
Tú: Oye Dani… ¿qué hay de eso de que “no importa quién gane”?
Danielle: oh por Dios, me estoy pareciendo a ustedes.
Kevin: Hablando de cosas parecidas a nosotros, llamaré a tus padres a ver cómo está Jerry. – le dijo a Dani.
Joe: cierto, yo llamaré a mi madre a ver como esta Jamie y a la señora Amber a ver como esta Rachell.
Tú: ¿separaron a las gemelas?
Joe: tu tía se ofreció a cuidarlas y mamá también. ¿Te imaginas si no las complacemos?
Tú: tu cabeza rodaría. – reímos.
Joe: exacto, que bueno que tenemos gemelas. – dijo orgulloso.

Después de un largo juego, fue Nicholas quien salió victorioso en el extra inning, al igual que Kevin, ganó por diferencia mínima.
Después de un día largo de juego, regresar a casa fue lo más relajante que podíamos hacer.

Tú: estoy muerta.
Nick: yo estoy muerto y sucio.
Tú: creo que no me levantaré hasta el lunes.
Nick: ¿de qué hablas? – rió – mañana juegas contra mí.
Tú: cielos, había olvidado el juego de mañana.
Nick: y el lunes también habrá.
Tú: si, hasta el miércoles.
Nick: no seas floja. – dijo riendo.
Tú: sabes que soy mala para los deportes.
Nick: menos para el futbol americano.
Tú: y el golf.
Nick: ¿ves? Eres buena.

*Al día siguiente el campeonato continuó, y definitivamente no era tu día, pues desde que te levantaste de la cama te sentías débil y con un poco de fatiga.

*Tú*
Estaba en primera base cuando Nicholas volteó hacia a mí, pude leer sus labios que decían “¿estás bien?” solo asentí con la cabeza y él pichó.
Carol bateó un hit, lo que me dio oportunidad de correr hasta la tercera, Nicholas se descuidó y decidí correr hasta el home.
El árbitro cantó la carrera y yo salí corriendo hasta la banca, casi sin respiración.
Todos lo notaron y corrieron a mi encuentro. No podía respirar, “¿había corrido mucho?” me preguntaba a mí misma, un ataque de tos le continuó a mi falta de aire.
Nick: ________, _________, escucha – sostuvo mis mejillas - ¿dónde está tu inhalador?
Tú: en… en… casa. – dije con dificultad.
Joe: Nick, tenemos que llevarla a un hospital.
Nick: ¿no hay un médico aquí? – casi gritó.
Kevin: hoy es domingo, no hay nadie en la fundación.
Tú: Ni… Ni… Nicho…
Nick: no hables, linda…
Danielle: estamos perdiendo tiempo, Nick.
Chelsea: llévala a un…
Nick: lo sé, lo sé.
Me tomó en sus brazos y fue lo último que recordé.







Capítulo LI.
“Stand”

*Nick*
________ estaba bien, afortunadamente solo había sido un susto, me quedé junto a esa cama del hospital donde ella se encontraba todo el tiempo, aun sucio y lleno de tierra, sonreía al verla, sabía que estaba bien. Más tarde sus ojos se abrieron y eso me calmó por completo.
Tú: ¿qué pasó? – preguntó de inmediato.
Nick: te desmayaste. – tomé su mano. - ¿te sientes bien?
Tú: mejor.
Nick: me diste un gran susto.
Tú: lo siento mi Nicholas. – se lamentó.
Nick: iré a llamar al doctor, hoy mismo nos iremos a casa.
Tú: está bien.
Solo tardé unos minutos en volví con el doctor a la habitación 13-01.
Tú: Doctor, ¿todo bien? ¿Podré ir a casa?
Doctor: sí, podrás irte, pero necesitas reposo.
Tú: entiendo.
Doctor: no mas softball, ¿está bien?
Tú: pero… ¿y el campeonato? – me preguntó.
Nick: primero es tu salud.
Doctor: la salud de los dos. – sonrió.
Nick: sí, hoy casi me da un paro cardíaco.
Doctor: no me refería a usted. – dijo riendo.
Tú: ¿Qué quiere decir?
Doctor: ¿no lo saben?
Nick: ¿qué debemos saber?
Doctor: ________ está embarazada, tiene 4 semanas.
Las palabras “_________ está embarazada” retumbaron en mi cabeza y ella quedó tan atónita como yo.
Sentí a mis nervios dándole latigazos a mi estómago y gritando “________ está embarazada”
Nick: ¿en serio lo está?
Doctor: por supuesto, felicidades. – dijo y se retiró.
Ella aun no decía nada, estaba completamente muda, me acerqué y la abracé.
Nick: gracias. – susurré en su oído.
Tú: ¿escuchaste lo que dijo?
Nick: si linda, seremos padres.
Tú: no lo creo.
Nick: ni yo, pero es cierto, ya escuchaste al doctor.
Tú: ya lo amo. –dijo frotando su vientre.
Nick: igual yo.
Tú: no sé qué cara poner. – sonrió, pero una lágrima salió de sus ojos.
Nick: la misma de siempre, con esa hermosa sonrisa que haga que te ame cada vez mas y que haga que este bebé crezca feliz.
Tú: ¿me abrazas de nuevo?
Nick: las veces que quieras.

*Tú*
“Un bebé” pensaba una y otra vez camino a casa, aun no lo creía, Nicholas me veía mientras íbamos en el auto y sonreía, muchos “te amo” se nos escaparon, estábamos agradecidos el uno con el otro.
Cuando llegamos a casa lo primero que hice fue tomar una ducha, aun tenia tierra hasta en el cabello.
Nicholas hizo lo mismo, aunque nada me gustaba más que verlo con aquel uniforme, ya era hora de dormir.
Al día siguiente la noticia del embarazó se propagó en la familia, todos recibieron la notica con mucha emoción, la señora Jonas dijo casi las mismas palabras que mi madre “podrían llenar la casa con niños, así sería feliz”.
Pero nadie podía estar más emocionada que yo, lo único malo es que tenía que estar en cama una semana y luego solo podría ir a trabajar medio día, pero mi bebé lo valía.
Los días pasaban y pasaban, saber que una personita crecía dentro de mí hacia que sonriera, no podía esperar a sentir sus movimientos y a ver crecer mi vientre o a saber si sería niño o niña.
Nicholas y yo discutimos muchos nombres para el bebé, pero decidimos esperar a saber el sexo, tal vez en ese momento llegaran mas ideas.
Tú: quiero salir. – dije mientras estábamos en el jardín.
Nick: estamos afuera. – sonrió.
Tú: pero de la casa, he pasado días encerrada.
Nick: pero fuiste a la fundación.
Tú: solo unos momentos porque me dijiste que ya había suplente. ¿Qué haré el resto del embarazo? – crucé mis brazo y él me abrazó.
Nick: ¿Qué quieres hacer?
Tú: quiero ir a la iglesia.
Nick: me parece bien.
Tú: podríamos ir mañana temprano.
Nick: cuando quieras.
Tú: mañana temprano. – sonreí.

*Nick*
Cualquiera hubiese pedido un paseo o una cena, pero ella quería ir a la iglesia. Hacía tiempo que no íbamos, ya era hora de que le agradeciéramos a Dios personalmente por todas sus bendiciones.
Dicho y hecho, fuimos el día siguiente a la iglesia tal como ella quería. Ya era costumbre llegar unos minutos antes ya que ________ siempre se ofrecía para cantar.
Le encantaba tanto cantar, y más aun compartir la música con las demás personas, todo eso era parte de ella.
Al final, cuando ya la palabra estaba dicha, _________ se levantó y comenzó a cantar. Yo solo cerré mis ojos y escuché “¿Qué dices cuando tus amigos se van y estás solo? Dime, ¿Qué das cuando ya lo has dado todo y pareciera que no puedes hacer nada? Bueno, tú solo te quedas,  cuando no hay nada por hacer, solo te quedas, mira al Señor observando a través de ti, después de que haces todo lo que puedes, solo te quedas.”
Era una satisfacción oírla canta en ese lugar, se veía tan hermosa, llena da paz y armonía.
Nick: lo hiciste mejor que nunca. – caminamos hacia el auto.
Tú: me sentí mejor que nunca.
Nick: ¿quieres que vayamos por un helado y luego a casa del señor Harry?
Tú: si, por favor. – dijo sonriendo.


*Tú*
Los días pasaban volando y las semanas de daban paso velozmente a un nuevo mes cuando menos lo esperábamos, la mejor parte era que cada vez sentía más al bebé dentro de mí.
La emoción de Nicholas se hacía más notoria cada día,  cada noche antes de dormir conversábamos y lo único que él hacía era formular planes para cuando el bebé naciera, “Si es niña podría practicar ballet, y le enseñaré a tocar el instrumento que quiera” dijo una vez muy entusiasmado, “Las primeras noches dormirá aquí, en nuestra habitación” me repetía una y otra vez.

De vez en cuando me sentía mal, pero eso no alejaba mi emoción de ver mi barriga un poco más grande, y menos aun me quitaba la incertidumbre de saber el sexo del bebé.
Pasaron varias semanas y los días lluviosos llegaron.
Estaba sola en casa cuando la noche cayó, Nicholas se había quedado en el estudio con los chicos trabajando en su nuevo CD, no quise molestarlo a pesar de que siempre me dijo que lo llamara en caso de que me sintiera mal. Solo traté de no prestarle atención a la pequeña presión que sentía en el vientre y asumí que solo se trataba de un pequeño malestar.
Pero las horas pasaron, el reloj casi pisaba las 11:00pm y Nicholas aun no llegaba a la casa. Decidí dormir, tal vez lo que necesitaba era descansar un poco.

*Nick*
Kevin: creo que ya hemos trabajado mucho. – bostezó.
Joe: casi son las 3 de la mañana.
Nick: me voy de una vez, ________ seguro esta despierta aun.
Kevin: la saludas, hermano.
Nick: con gusto.
Joe: adiós.

Salí directo al estacionamiento por mi auto y tomé mi camino a casa, en cansancio me estaba consumiendo, es increíble como se pasan las horas en el estudio, ahora lo único que quería era llegar a casa, abrazar a mi esposa y dormir por lo menos unas 9 horas.
Llegué a casa, deje mis cosas en el sofá y subí a la habitación.
Pero el sueño se esfumó, mis ojos se abrieron como platos y mi corazón dio un vuelco cuando vi las sábanas.
Nick: _________, despierta. – casi grité.
Ella se sobresaltó.
Tú: Nicholas, llegaste.
Nick: ___________, vamos, te llevaré a ver a un doctor ahora mismo. – dije alterado.
Tú: ¿qué pasó? - Preguntó asustada.
Nick: estás sangrando.
Apartó las sábanas y comprendió.
Tú: Nicholas. – dijo asustada.
Nick: no te asustes, vamos al auto ya mismo.

Encendí de nuevo el auto lo más rápido que pude y salí de la casa.

Tú: Nicholas, algo malo está pasando.
Nick: tranquila linda, todo estará bien. – dije tratando de parecer calmado.
Tú: no quiero perder a mi bebé. – comenzó a llorar.
Nick: eso no pasará, aun falta mucho para que nazca y se quedará en tu vientre hasta entonces, confía en mí.
Tú: confío en ti.
Nick: bien, solo respira.
Tú: eso hago.

*Tú*
Sabía que Nicholas estaba tan asustado como yo, pero él siempre me daba seguridad.
Cuando llegamos al hospital inmediatamente nos atendió el doctor de emergencia, que por suerte era un viejo colega llamado Arturo Grand, estudió conmigo toda la carrera y así como yo había ganado el viaje para Canadá, él había ganado un viaje para Venezuela.
Arturo: ¿te has sentido mal en estos días? – preguntó mientras me examinaba.
Tú: solo una pequeña molestia.
Arturo: bueno __________...
Nick: ¿pasa algo malo? – dijo con un sobresalto.
Arturo: no…
Tú: ¿qué? Ambos sabemos que el sangrado vaginal es común solo el primer trimestre.
Arturo: sí, y a estas alturas podría ser por desprendimiento de la placenta, parto prematuro o alguna infección. Pero al examinarte no vi ninguna anomalía, también debes saber que el sangrado después del cuarto mes puede deberse a la presencia de mellizos.
Tú: ¿mellizos?
Arturo: podría ser.
Nick: pero en los controles prenatales solo vimos un bebé.
Arturo: entonces deberíamos hacer un eco ya mismo, si es solo un feto y se encuentra bien no nos preocupemos. Pero es necesario reposo en casa el resto del embarazo, no es necesario que te postres a una cama, puedes levantarte, caminar un poco por el jardín o hacer labores ligeras, sin abusar.
Tú: entiendo.
Arturo: ¿aun no saben el sexo del bebé?
Nick: tenemos cita para la próxima semana con la gineco-obstetra.
Arturo: bueno, ya que tengo que ver si todo anda bien por ahí adentro. – señaló mi barriga. – podríamos aprovechar y…
Tú: ¿podríamos saberlo ahora? – pregunte rápidamente y miré a Nicholas.
Arturo: si.
Nick: ¿estás lista? – sonrió.
Tú: desde hace 5 meses.
Arturo: en ese caso, no tardo.
Tú: gracias Arturo.






Capítulo LII.
“I wanna hold you”
*“Un niño” repetías en tu mente una y otra vez, lo que llevabas en tu interior era un niño, fruto del amor y la solidez de tu matrimonio, de ese amor que por más de 7 años no ha cambiado más que para bien.
Los sangrados no continuaron, de hecho solo ocurrió una vez, lo cual fue un alivio para todos.
Nick comenzó a remodelar la habitación que estaba junto a la de ustedes, compró los muebles, la cuna, y todo lo que una habitación para bebés podría necesitar.

*Tú*
Tú: hola Letty. – dije al entrar a la fundación.
Letty: ___________. – se alegró al verme. – qué sorpresa. ¿qué te trae por aquí? Creí que estabas de reposo.
Tú: sí, pero le traje el almuerzo a Nicholas, ya que luego irá para la disquera.
Letty: hace rato subió a su oficina con unos señores.
Tú: genial, ¿podrías llamarlo y decirle que lo esperaré?
Letty: seguro.

Caminé un poco por el pasillo donde estaban los salones y veía por la pequeña ventada de la puerta de cada uno de ellos, y fue en ese instante que me di cuenta que extrañaba estar ahí más de lo que creía.
Nick: _________ - escuché detrás de mí.
Tú: hola mi Nicholas.
Nick: hola linda. – besó mis labios. - ¿por qué no me dijiste que venías?
Tú: sorpresa. – reí y le entregué un tazón de comida.
Nick: gracias, me moría de hambre, ¿tú comiste?
Tú: sí, no te preocupes.
Nick: vamos a mi oficina.

Tomó mi mano y tomamos el ascensor.

Tú: luego de que te fuiste llegó Chelsea con las niñas.
Nick: ¿hermosas como siempre?
Tú: un poco más cada día.
Nick: ¿alguna novedad?
Tú: sí, Joe tiene dos noches durmiendo en el sofá.
Nick: ¿está castigado? – rió.
Tú: Nicholas, esto es serio. – dije tratando de no dejar escapar una carcajada.
Nick: ¿qué hizo Joe ahora?
Tú: pues… Natashia se apareció en la galería y…
Nick: ¿Natashia?
Tú: sí, no conozco los detalles, pero Chelsea se molestó porque no era la primera vez.
Nick: Joe no comentó nada, qué raro. – se extrañó.

*Joe*
Estaba harto de que Chelsea creyera que era yo quien buscaba a Natashia cuando eso no era verdad, no soportaba seguir durmiendo en el sofá sin motivos, y cada mañana cuando subía a la habitación ella estaba dormida en una de las camas de las gemelas.
Mi historia con Natashia fue muy corta e insignificante, nada importante de hecho. Recuerdo que salimos un par de veces hace muchos años cuando Chelsea y yo decidimos darnos un tiempo a causa de muchas discusiones que habíamos tenido.
Pero eso nunca disminuyó mi amor hacia ella ni hizo que en mí naciera algún tipo de interés por otra mujer.
Me sorprendí tanto como Chelsea ver a Natashia entrar a la galería, y aun más me sorprendió el hecho de que haya querido seducirme para salir con ella de nuevo.
Lo que más me molestaba de todo era la desconfianza de Chelsea.

Chelsea: ¿ahora te visita todos los días?
Joe: solo ha ido un par de veces.
Chelsea: seguro mañana se aparecerá en la disquera.
Rachell: ma, ma.
Chelsea: ¿qué quieres, ternura? – la cargó y se acercó a Jamie.
Joe: no quiero discutir enfrente de ellas.
Chelsea: me parece bien, buenas noches.
Joe: Chelsea…
Chelsea: ¿qué quieres, Joseph? – preguntó de mala gana.
Joe: te espero en la habitación.
Chelsea: si yo fuera tú, no lo haría.

Dio media vuelta con las niñas y se fue.
Ambos éramos tercos, pero si existiera un concurso de tercos, ella se llevaría el primer lugar. Pero yo la conocía muy bien, después de 4 noches sin dirigirnos palabras a la hora de dormir, sabía que ella iba a ceder.
Y así fue, valió la pena luchar con el dragón del sueño que habitaba dentro de mí, abrí un poco los ojos para ver el reloj de la mesa de noche junto a mí, seguro supuso que a la 1am ya estaría dormido, pero mi plan era esperarla.
Joe: tardaste. – dije cuando apenas se sentó.
Chelsea: Joe, me asustaste. –me senté.
Joe: Chelsea, ¿explícame qué te pasa?
Chelsea: no hay necesidad, Joe.
Joe: claro que sí, no entiendo.
Chelsea: ¿no entiendes? Claro, disculpa, lo que pasa es que no es nada notorio que me molesten las visitas inesperadas que llegan a tu galería.
Joe: Chels, mira la hora. – ella vio el reloj. – la hora del sarcasmo acabó hace mucho.
Chelsea: y también la de los chistes.
Joe: espero que te quede claro que esas visitas inesperadas que llegan a la galería no son de mi agrado, y que deberías ir conmigo mañana, el día siguiente y el subsiguiente para que tú misma le digas a esa visita inesperada que no la esperamos ver más. – la abracé.
Chelsea: no, solo dile que te mudaras, no sé… quiero que se aleje.
Joe: y yo quiero que tú ya no te alejes.
Chelsea: está bien.
Joe: ¿me das un beso?
Chelsea: no, queda pendiente para mañana, Jowie. – sonrió y se acostó.
Joe: no podré dormir si no lo haces.
Chelsea: suerte.

Típico, me castigaba siempre de la misma manera negándome un beso en las noches cada vez que peleábamos.

A la mañana siguiente salí temprano a la disquera a encontrarme con mis hermanos, era el día de grabar con Frankie un Bonus Track para el nuevo álbum.

*Tú*
Sin dudas la canción que estaba escuchando era hermosa, escrita por el propio Frankie.
En el estudio estaba Dani con Jerry, Chels con las gemelas, una invitada especial y yo.
Se trataba de una chica muy linda, sencilla, dulce, con una larga cabellera negra azabache y brillante que  siempre recogía con un lazo que combinaba con su atuendo, era la novia de Frankie y la razón de que él haya aceptado la idea de escribir y cantar una canción para el nuevo álbum de los chicos.
Carter: canta hermoso. – decía una y otra vez refiriéndose a Frankie.
Tú: la canción es perfecta.
Danielle: ¿te gusta? – le preguntó a Carter.
Carter: por supuesto, ¿y a ustedes?
Chelsea: nos encanta, es tuya.
Carter: ¿el qué es mío?
Tú: la canción.
Carter: ¿cómo puede ser mía?
Danielle: es para ti.
Carter: ¿para mí?
Tú: ¿Para quién más podría ser?
Chelsea: ¿no has detallado la letra? “I wanna hold you bad”
Carter: po… podría ser para cualquiera de ustedes. – dijo ingenua.
Danielle: a nosotras nos las cantan directamente. – sonrió.
Chelsea: aunque Frankie no te lo haya dicho, esa canción es para ti.
Carter: ¿Por qué no me dijo? – se sonrojó.
Tú: no tardará en decirlo, así son ellos.
Carter: no sabría qué decir.
Danielle: le dirás lo que nos acabas de decir, que te encantó.

Luego los chicos salieron y decidieron hacerlo de nuevo, lo cual le agradó mucho a Carter pues quería escuchar esa canción una vez mas.

Los chicos salieron del estudio y Carter lo único que hizo fue tomar una mano de Frankie.
Carter: hola extraño…
Frankie: ¿te gustó?
Carter: más que eso, así que… ¿Quieres abrazarme?
Frankie: si.
Carter: es el mejor regalo que me han podido dar en toda mi vida. – dijo sonrojándose de nuevo.
Nick: creo que se me antoja un Starbucks. ¿Vamos al frente, chicos?
Kevin: buena idea.
Chelsea: andando.

Cuando íbamos caminando para cruzar la calle, detallé a lo lejos una mujer alta que se acercaba a nosotros, era nada mas y nada menos que Natashia, la razón por la que Joe había dormido varios días en un sofá.
Natashia: Hola chicos. – dijo al alcanzarnos en el Starbucks.
Joe: Hola. – dijo amablemente.
Chelsea: ¿qué haces aquí? – le preguntó en seco.
Natashia: creí que el local era público, ¿o lo compraste hace poco?
Chelsea: no.
Natashia: Hola, Nick… no te veía desde que fuimos a Londres.
Nick: Hola.
Natashia: ¿Quiénes son esas preciosuras? – dijo refiriéndose a las niñas.
Joe: son mis hijas.
Natashia: son un encanto. – se acercó a ellas.
Chelsea: ni se te ocurra tocarlas. – dijo al instante.
Natashia: oye, relájate.
Joe: eh…Natashia, no sé lo que pretendes al aparecerte así cada vez que estoy con mi familia, pero ya es suficiente.
Natashia: ¿crees que estoy siguiéndote?
Chelsea: exactamente es lo que creemos, así que ¿podrías dejar de ser tan stalker?
Natashia no dijo nada, solo se quedo mirando fijamente el ceño fruncido de Chelsea.
Joe: ¿podrías retirarte y dejar que mi familia y yo nos tomemos un café?
Chelsea: y por favor no te acerques más a mi galería.
La chica alta se dio media vuelta y salió del lugar.
Nick: cielos Chelsea, nunca te había visto así.
Chelsea: solo defiendo lo que es mío. – dijo sin contener la risa.
Danielle: nos dimos cuenta.
Kevin: su cara fue muy… - pensó por un momento. – no sabría nombrar su expresión.
Joe: tengo la esposa mas celosa de todas.
Chelsea: así es. – dijo fingiendo orgullo.
Nick: ya no hablemos de eso.
Kevin: beberé al menos 3 vasos.







Capítulo LIII.
“”
*Nick*
Fue increíble ver como el tiempo pasó frente a mí y no me di cuenta, y mas increíble aun era que me encontraba en la sala de espera del hospital esperando que me dieran noticias sobre ________ y mi hijo.
Todo pasó muy rápido, de hecho aun no lo podía creer.
Decidimos viajar a Texas, ya que mis padres estaban pasando unos días en la Dallas, mis hermanos también viajaron con nosotros, lo tomamos como unas vacaciones, y de repente, una noche sentí algo mojado en la cama, cuando reaccioné me di cuenta que de ________ estaba saliendo un líquido, no recuerdo el color, pero fue ahí, en ese mismísimo instante que me di cuenta que había roto fuente, y que nuestro bebé estaba a punto de nacer.
Tratando de no exaltarme mucho la desperté y le dije con calma lo que estaba ocurriendo, ella no lo tomó mal, solo recuerdo que dijo “no te alarmes, necesitaremos una mochila con ropa e ir al hospital”.
“¿Cómo me podía pedir que no me alarmara?” me preguntaba una y otra vez, pero si eso era lo que ella quería, haría lo posible por tranquilizarme.
Ella tenía ventaja sobre mí, era doctora, yo era un cantante que no sabía que hacer es esos casos mas que entrar en pánico, pero para eso estaba ella, para complementarme cuando lo necesitaba, ahora ella necesitaba de mi, y haría al pie de la letra cada cosa que dijera.
Así fue, preparé una mochila, ella se quejaba un poco por el dolor, yo la volteaba a mirar un poco desesperado y decía “tranquilo, son contracciones” y sonreía al instante.
Ahora ella se encontraba en aquella habitación, mientras mis hermanos y yo esperábamos con ansias una noticia.

Kevin: ¿Quieres relajarte? – dijo desesperado
Joe: Sí, por favor.
Nick: no puedo.
Joe: bueno, no te lo pediremos mas, al fin y al cabo, cuando las gemelas iban a nacer yo estaba igual que tú.
Kevin: y en el nacimiento de Jerry.
Joe: todo saldrá bien.
Nick: pero se suponía que entraría en labor de parto en dos semanas.
Kevin: en primeriza, es normal que se adelante un poco el parto.
Nick: ¿seguro?
Joe: sí, así paso con Chels.
Kevin: y la misma _________ dijo que era normal.
Nick: no puedo negar que estoy un poco nervioso.
Joe: la próxima vez que estés en casa estarás con un bebé. – dijo sonriendo.
Kevin: ¿ya sabes cómo se llamará?
Nick: ________ y yo acordamos que ella nombraría al bebé, y en caso tal de que tengamos un segundo hijo, lo nombraré yo.
Joe: confió en que __________ tengo un buen gusto y le ponga “Adam”
Kevin: Espero que ___________ tenga un buen gusto y no lo haga.
Nick: yo solo espero que todo salga bien.
Joe: deja de esperar Nick, comienza a creer.